Comunidad de Zapotiltic desentierra su memoria de la milpa
Por: Adrián Montiel. Fotos: Ramiro Macías. Fecha: 13 de octubre, 2025
Durante tres generaciones, los habitantes de la comunidad San José de la Tinaja, en el municipio de Zapotiltic, han desenterrado su memoria desde la milpa.
En la década de los sesenta, cuando la maquinaria extrajo arena de la cancha de futbol para construir la carretera, emergieron los vestigios de un pasado remoto. La gente decía que eran los restos de los gigantes que dormían en los cerros. Pero no eran gigantes: eran mamuts, cocodrilos y gliptodontes, relató Ramiro Macías, director del Museo Comunitario “Antonio Vargas Moreno”.
“Decían que los mamuts estaban completos. Creo que había otros animales porque no sólo hay mamuts en el lugar. Cuentan los abuelos que los ingenieros de la carretera los subían a camiones y se los llevaban a Guzmán o a Guadalajara, y que por allá los vendieron”.
Nace un museo
En 2003, el profesor Marcos Chávez Magaña, junto con los profesores de ese tiempo, le dan formalidad al museo. En ese año, Ramiro Macías estaba en primero de primaria. Vio cómo donaban piezas. Ahí nació el gusto y el interés por la paleontología y la arqueología.
“Es una tradición, como en otros lugares, que la gente encuentra piezas en el campo, se las lleva a sus casas y las guardan como reliquias. Pero en este caso se organizaron para donarlas para el museo”
A partir de la primaria comenzó a coleccionar figuras antropomorfas que llevaba su papá.
“Todavía no me llamaba la atención la arqueología y paleontología porque, a esa edad, no salía al campo. En segundo salí a buscar figuritas a los potreros. Encontramos malacates y caritas de figurillas prehispánicas que llevábamos al museo”.

A partir de tercero o cuarto de primaria, empezó a leer e investigar más. Descubrió a los mamuts en un libro de paleontología. Ahí comenzó a conocer otro tipo de megafauna.
“Empecé a identificar las piezas como restos de caballos prehistóricos y de mamuts. Fui estudiando y observando más piezas como osteodermos de gliptodontes.
En 2017 dejaron la primaria y se trasladaron al Centro Comunitario “Antonio Vargas Moreno” en la calle Morelos número 57 junto a la Casa de Salud Rural.
Ramiro, quien asumió la dirección del nuevo museo, logró conseguir recursos del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc) que usaron para comprar vitrinas y resguardar las piezas.
Así, el museo que abrió las puertas para la comunidad con piezas paleontológicas, arqueológicas y piezas históricas. También para visitantes del estado de Jalisco, del interior del país y también del extranjero.

Tres edades de la memoria en San José de la Tinaja
En San José de la Tinaja, la tierra es un archivo que se abre con el arado. Durante décadas, los pobladores han encontrado bajo sus parcelas los rastros de un pasado remoto: huesos gigantes, figurillas de barro y herramientas de los viejos oficios. Cada hallazgo es conducido al museo comunitario y depositado en vitrinas para nutrir la memoria del pueblo.
Hallazgos paleontológicos
En 2019, Ramiro Macías halló un cráneo fragmentado de mamut. Al reportarlo al INAH y al Museo de Paleontología de Guadalajara, la excavación reveló un molar, un colmillo y restos de caballo prehistórico, gliptodonte y tortuga.
“Estos hallazgos de mamut ya tenían muchos años. Mi abuelito platicaba que, cuando iban arando, sacaban los restos de los animales y los hacían a un lado de las parcelas. Creían que eran restos de gigantes”.




Ese mismo año también apareció un osteodermo de cocodrilo, un descubrimiento inusual para la región sur de Jalisco. Desde antes, los abuelos contaban que los huesos que salían del campo eran “de gigantes”, testigos de un tiempo en que la tierra guardaba monstruos.

Piezas prehispánicas
Cerca de la zona arqueológica de Terla, los campesinos siguen encontrando figurillas, malacates y fragmentos de cerámica del periodo Posclásico (1100–1300 d.C.).





Representan a deidades como Xipe Tótec y Tláloc, algunas documentadas por historiadores recientes. Las piezas fragmentadas, quebradas en antiguos rituales, hablan de la presencia humana que sucedió a los mamuts.
“Tengo que caminar o recorrer varios kilómetros para encontrar figurillas. Estoy tratando de rescatar figurillas de las parcelas que pertenecen a fase Terla. Están al pie de una zona arqueológica”, compartió.

Piezas contemporáneas (históricas y etnográficas)
En el museo también se exhiben una fragua, taladros de carpintería y objetos donados por vecinos. Son huellas de los oficios que dieron forma al pueblo. Así, entre fósiles, dioses y herramientas, San José de la Tinaja conserva su historia completa bajo el polvo que nunca deja de hablar.

“Encontramos una fragua, taladros de las carpinterías, entre otras piezas que las personas tenían en sus casas y las llevaron al museo para conservarlas”.

La espera (o desinterés) que entierra los hallazgos
Hace más de un año que la comunidad reportó dos nuevos sitios con restos fósiles al Instituto Nacional de Antropología e Historia (Centro INAH Jalisco).
“Un arqueólogo del INAH Jalisco vino a hacer la verificación de las piezas y recabar datos para el Consejo de Paleontología. Pero no han dado respuesta, no han venido a hacer excavaciones. Desde hace más de un año”.
La comunidad atribuye el retraso a la falta de recursos públicos desde la administración federal.
“Comentaban que el gobierno actual les recortó mucho presupuesto. Por eso no tienen recursos para moverse, quedarse en un hotel y hacer los trabajos”, explicó.

Y así, los fósiles permanecen bajo tierra. Y los que han desenterrado carecen de un dictamen científico sobre el tipo de especie, antigüedad y caracterización de la región. Pero el desinterés no sólo es federal.
“Como el museo no está en la cabecera municipal de Zapotiltic, no les interesa mucho. Solamente cuando hay hallazgos y vienen las televisoras a hacer entrevistas, es cuando se presentan”, dijo Ramiro Macías.
La dimensión de los hallazgos en la región ha animado a los gobernantes a preguntarse ¿Por qué no llevarlo a la cabecera?
“Yo les dije que el museo es comunitario, no municipal. Todo lo que hemos obtenido ha sido a través de los esfuerzos de las personas de la comunidad. Y también gracias a los proyectos que hemos logrado bajar para seguirlo manteniendo”.
Y previno a la comunidad.
«En dado caso de que quieran llevárselo, si les surge esta idea, nos vamos a oponer porque el museo no pertenece al municipio, es de la comunidad”, compartió el director del Museo Comunitario.

Una comunidad que comparte su pasado
Un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia realizaron excavaciones paleontológicas. La comunidad no esperó apoyo el gobierno municipal.
“El municipio no apoyó directamente, así que nos organizamos y los recibimos —cuenta Ramiro Macías—, les dimos posada, comidas y diario les llevabamos aguas refrescos y lo que ocuparan. La comunidad participó activamente”
El trabajo científico, que reunió a un arqueólogo, un biólogo y otras cuatro personas, encontró en el pueblo una red espontánea de hospedaje y acompañamiento. Además de alimentar a los visitantes, supervisaban la excavación y se aseguraban de que nada faltara.

El mismo ánimo impulsa el museo comunitario donde las piezas sirven para despertar la curiosidad de nuevas generaciones.
“Recibimos visitas de preescolar, de las escuelas, de la preparatoria… yo les hago el recorrido y les explico sobre los fósiles y todo lo que tenemos”, explicó Ramiro Macías.

El interés ha crecido más allá de la región. El museo ya ha recibido personas de Colima, Tamaulipas, Quintana Roo y hasta de los Estados Unidos.
En cada visita, la comunidad comparte no sólo su historia más antigua, también la reciente que se construyó sin recursos oficiales donde los habitantes abren sus casas para exhibir la construcción de su propia memoria que siguen desenterrando.

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Adrián Montiel
Periodista de investigación.
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