La belleza a costa del sufrimiento y la experimentación animal
Por: Óscar Beltrán, Ximena Rodríguez, José Ángel Mejía, Rafael Torres. Fotos: Internet. Fecha: 20 de octubre, 2025
Cada año, millones de animales son utilizados en pruebas químicas y cosméticas en laboratorios de todo el mundo. Conejos, ratones, cobayas y otros animales se convierten en sujetos de experimentos. Pero, en muchos casos, les provocan dolor, deformaciones permanentes o la muerte.
El cortometraje Save Ralph retrata la vida de un conejo dedicado a ser el sujeto de pruebas con distintos químicos. Al vivir esclavizado en un laboratorio y obligado a recibir dosis químicas que terminan por exponerlo a reacciones muy dolorosas. El cortometraje logró que un tema tabú, como es la experimentación en animales, pasara al debate público.
Pese a los avances en ciencia y alternativas tecnológicas, la práctica es común en muchos países. Se da especialmente en industrias que garantizan la seguridad y eficiencia en los productos cosméticos o de higiene personal.
Organizaciones como la Humane Society International (HSI) han denunciado que estos procedimientos son innecesarios, crueles y poco éticos. Además, han demostrado que existen métodos alternativos que no implican sufrimiento animal y que ofrecen resultados igual de confiables.
“Save Ralph”: un grito animado contra la crueldad
En abril de 2021, el cortometraje animado “Save Ralph”, dirigido por Spencer Susser y producido por la HSI, rompió barreras. Protagonizado por un conejo animado llamado Ralph (en voz del actor Taika Waititi), simula un documental donde expone su rutina como “tester” en un laboratorio.
El tono irónico y la estética tierna del video contrastan con la dureza del mensaje. Ralph aparece con un ojo ciego, quemaduras en la piel y secuelas auditivas debido a su trabajo como animal de pruebas. A través de Ralph, se denuncia la práctica sistemática disfrazada de normalidad, pero que implica un sufrimiento silencioso y lento.
El cortometraje se convirtió en un fenómeno viral. En menos de una semana, fue compartido millones de veces en redes sociales y logró poner el tema en la agenda mediática global.

Las cifras que no se ven
Según el Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos (NRC), cada año en todo el mundo, más de cien millones de animales son utilizados en pruebas científicas y comerciales.
Aunque algunos países han prohibido el uso de animales para pruebas cosméticas, en otros aún es legal y habitual.
En Latinoamérica, el panorama es dispar. Mientras que México fue el primer país de la región en prohibir la experimentación cosmética en animales en 2021, en otros países la regulación es inexistente. En estos casos, la presión de la sociedad civil y el activismo son fundamentales para lograr avances legislativos.
Durante el 2016 los 28 miembros de la Unión Europea evitaban utilizar estos métodos. Afortunadamente, en un lapso de cinco años (2021), los países en contra de los ensayos incrementaron a 44 países. Las naciones que se sumaron fueron México, Australia, Corea del Sur, Estados Unidos, Colombia, entre otros.

La aterradora vida en los laboratorios
Millones de ratones, ratas, conejos, primates, gatos, perros, entre otros animales, se encuentran encerrados en jaulas en laboratorios. Apartados de su hábitat, viven privados de sus instintos naturales a la espera del siguiente procedimiento posiblemente doloroso y horripilante.
Las consecuencias son animales que sobrevivirán con daño físico y psicológico irreparable. Su destino es padecer estrés constante con secuelas como dar vueltas sobre sí, morderse, arrancarse el pelo. Todo termina con la decisión del sacrificio. Para los animales sobrevivientes les es imposible reintegrarse a un ambiente común.
Hoy en día, existen múltiples alternativas a la experimentación animal. Métodos in vitro, modelos computacionales, cultivos celulares o tejidos humanos artificiales permiten evaluar la seguridad de los productos sin necesidad de infligir daño. Estas tecnologías no sólo son más humanas, sino también más efectivas y, en muchos casos, predictivas.
Diversas organizaciones científicas y defensoras de los derechos animales insisten en que la ciencia no necesita la crueldad para avanzar. En países con mayor inversión en investigación, las metodologías se aplican de manera más creciente.
La Ley mexicana en contra del maltrato animal
El principal instrumento sobre el uso y cuidado de animales en la experimentación es la NOM-062-100-1999. Esta busca garantizar el bienestar animal dentro de investigaciones de laboratorio. Busca promover e incitar el avance tecnológico y garantizar la correcta capacitación del personal que realiza estas pruebas.
En México existe la Ley de Cosméticos Humanitarios, una reforma de la Ley General de Salud, centrada en las sanciones, restricciones y límites de estas prácticas. Además, impulsa cambios en la experimentación.
Un ejemplo es el plazo para la sustitución de animales para las pruebas que no deberá ser de dos años, Luego deberán proponer métodos alternativos, como tecnología de órgano en chip, imitar órganos individuales o múltiples, entre otros.

El cambio empieza con la conciencia
El caso de Ralph, el impacto mediático del cortometraje ayudó a que muchas personas se cuestionaran el origen de los productos que consumen. “Cruelty free” o “libre de crueldad animal”, es una iniciativa creada por la organización estadounidense PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales). Este certificado cuando las empresas han pasado un estricto control de calidad y han demostrado que sus productos no están testados en animales.
Estas medidas han ganado relevancia y se ha convertido en un criterio de decisión para millones de consumidores.
Pero más allá de la elección individual, el cortometraje ha reabierto un debate más profundo. ¿Es ético seguir usando seres vivos como herramientas desechables en nombre del progreso humano? La historia de Ralph (aunque ficticia) es el reflejo de una realidad aún vigente.
Voces por el fin de la crueldad
Portavoces del HSI, PETA, Cruelty Free International y Animal Defenders International coinciden en que Ralph fue un punto de inflexión en la comunicación del activismo. Utilizar la animación, el humor y la ternura para hablar del sufrimiento fue una estrategia eficaz para llegar a públicos más amplios.
En entrevistas concedidas a medios como The Guardian y CNN, miembros de estas organizaciones aseguran que, tras la campaña de “Save Ralph”, se incrementó el apoyo popular a legislaciones prohibicionistas en varios países. Incluso, marcas multinacionales comenzaron a revisar sus prácticas de producción.
Un conejo que cambió conciencias
“Save Ralph” logró lo que pocas campañas: sensibilizar al gran público sobre una realidad ignorada. Detrás de cada rímel, champú o loción, puede esconderse una historia de sufrimiento animal. Y aunque Ralph sólo es un personaje, representa a millones de seres vivos que no pueden defenderse.
La presión social, el avance de la ciencia ética y el compromiso político son clave para poner fin a esta práctica. Mientras tanto, cada elección en el consumo cuenta. Por qué, al final, como dice Ralph en su entrevista “Al menos yo sirvo para algo”.
Para terminar, concluimos que esta es una situación de la cual se debería hablar más. Se trata de alzar la voz por los animales que no pueden hacerlo.
Pero, aun así, seguimos usando productos donde, indirectamente, consumimos el resultado del sufrimiento, dolor y trauma para los animales. Ellos lo viven tras jaulas. Pero creemos que en la cosmética siempre hay alternativas de experimentación para no cumplir con la frase “La belleza a costa del sufrimiento”.
**Este artículo lo realizaron estudiantes del equipo Vanguardia, que cursan el 3er grado de secundaria en el Colegio Champagnat, ubicado en la colonia Miramar, una de las zonas periféricas con alta desigualdad. Es el resultado de la materia de Español del área de Lenguajes, a cargo de la docente Alondra Barba. Se publica con autorización de las y los autores para estimular su creación, promover su gusto por el periodismo y que nunca dejen de investigar ni escribir.

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