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Incidir en la comunidad: Alma Flores Ávila, trabajadora social

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Incidir en la comunidad: Alma Flores Ávila, trabajadora social

La niñez, la primera exploración

¿Qué hacía cuándo era niña?, creo que como todos los niños, ¿no? jugar, brincar, saltar, dependiendo el contexto pues era lo que podías hacer o que te dejaban hacer.

En mi caso yo crecí en una privada, una calle de la colonia Constitución.

Qué es privada pero en realidad no es cerrada si no que es una privada más angosta de lo normal de las calles que hay acá en la colonia Constitución.

Siempre jugar en la calle era fundamental, compartir.

Yo tuve la fortuna de crecer con muchos primos es decir, en la calle donde yo crecí hay varías casas de hecho, todavía donde habitan familiares de mis padres o sea familiares míos.

Mis primos en su mayoría eran mis amigos y mis amigas para jugar, ahora en el caso de mi hija, es hija única y le está tocando esa parte, no tiene hermanos o hermanas pero tiene primos y vecinos que sustituyen esa parte.

El juego

Era muy buena para el shangai, no sé si todos sepan qué es. Es un palo de escoba, lo cortabas a la mitad y luego un extremo, como la tercera parte un poco menos de ese palo, lo cortabas y tenías dos: uno más grande y uno más chico.

Luego hacía un hoyo en la tierra, más bien como alargado y lo ponías con la técnica de cada quien: en medio o por delante. La idea era aventar con el palo lo más lejos que pudieras para ganar.

El otro equipo lo que hacía era aventar el palo pequeño para mover, el palo grande lo ponías en el hoyo y si te lo movía pues ya, pilas, salías, pero si no avanzabas a otro lugar.

Mi otro juego favorito era el tipo batazo pero con el palo, lo lanzabas y le pegabas.

El más difícil era la carambola: ponías el palito en la misma dirección que el hoyo que era alargado lo ponías al frente, luego había una parte que quedaba elevada, con el palo grande le pegabas y en el aire lo tenías que agarrar para aventar de nuevo; difícilmente me ganaban, incluso a los niños les ganaba.

-Destacando en los deportes

-Sí, en ese tipo de deportes, porque para los otros siempre fui muy mala eso de correr y la verdad no se me daba , ni siquiera a aprender andar en la bicicleta, porque crecí con mis abuelos, entonces para mi abuela andar en bicicleta no era de niñas, pero era buena para la soga, para las choyitas que era como una pelota chiquita, hacíamos los hoyitos en la tierra y el que iba perdiendo es el que iba…

En realidad creo que mi generación sí fue privilegiada porque teníamos más espacios en áreas públicas, me refiero a la calle porque realmente no había parques, no había tanta inseguridad o tanto temor a la calle como lo hay ahora.

Hay una apropiación de los espacios de diferente forma por parte de cuando somos niños que cuando eres adulto.

La aspiración de ser grande

Realmente no tenía idea y no me preocupaba eso.

Cuando sí me empezó a preocupar o me generó una inquietud lo que sería, fue después de salir de la primaria, porque mi madre y abuelos se cuestionaron que siguiera estudiando y dijeron «con la primaria es más que suficiente».

Ellos llegaron del campo a la ciudad nada más con la educación elemental de ese momento que era la primaria.

La preocupación me surgió cuando oía que mis compañeras de la primaria sí iban a continuar y yo en teoría no iba a tener esa posibilidad, hasta que una vecina amiga de mi mamá le cuestionó.

Mi madre en la mañana salía a trabajar, llegaba tarde noche, cuando llegaba de la primaria no sabía con quien llevarme para la secundaria; fue por la vecina que me inscribieran y se facilitó encargarme con ella.

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Después vino mi formación profesional, pero recordando, a mí me gustaban mucho las Ciencias Sociales. Recuerdo que el libro de ciencias sociales era de mis favoritos y cuando revisábamos los contenidos me parecía que había más que aprender, qué saber.

La autogestión

Con el dinero que me daban para el recreo me iba a las papelerías y me compraba láminas de civilizaciones, hechos históricos.

Tenía una colección enorme de los olmecas, los mayas, los teotihuacanos, sobre la Independencia, la revolución francesa.

Así resolví porque mi familia no me podía comprar otros libros o llevar a la biblioteca y de ahí viene mi gusto por las Ciencias Sociales.

Dedicación

Sí me gustaba dedicarme al estudio. Incluso mis compañeros me buscaban para que les explicara contenidos, no solamente de ciencias sociales, era buena hasta en matemáticas, álgebra.

Me ponía el desafío cuando había exámenes, sobre todo en el bachillerato, no estudiar en los exámenes para ver que sacaba y bueno, eso en algún momento me cobró porque recuerdo en una clase de álgebra, de derivadas, saque cero, cero literal cero, ni siquiera una respondí bien.

Tenía mis notas, mis formularios y a veces eso te clasifican como nerd, pero sí me gustaba aprender y en el bachillerato de alguna forma yo ya tome control.

Los pasatiempos

Antes de la fotografía digital me gustaba mucho tomar fotografías, ahorraba para comprar los rollos; era para mi un gusto el poder encontrar en las fotos que se revelaban lo que había, a veces me gustaban las sombras a veces no salía nada porque había luz.

Tengo una colección de 50 mil imágenes y ahorita comencé un proceso de digitalizar aquellas que en su momento ahorraba para la impresión, esa parte me distrae me gusta mucho.

Algo que también me gusta mucho son las plantas.

Mi mamá es amante de las plantas, yo no me doy el tiempo como para estar con ella y relajarme, pero las plantas que me gustan las traigo a la casa para que las cuide y yo las aprecio.

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A raíz de la pandemia compré un conejito, se lo compre a mi hija como día de la niña y ese conejito ha sido desestresante.

La fe

Me criaron en la religión católica, pero si te soy sincera no voy a misa, respeto… antes era un conflicto con mi mamá porque ella es muy devota y se mortificaba porque no iba a misa, pero crecí.

Lo que sí puedo decir es que soy una buena persona, incluso como atea.

– ¿Qué es lo más atrevido que ha hecho?

-Ser madre soltera por elección, sobre todo por el círculo en el que yo he crecido de familias tradicionales y nunca he estado casada, creo que eso ha sido de lo más atrevido en términos de las coyunturas que han marcado mi vida.

-¿Cómo empezó a pensar como científica?

-Esa parte de pensar como científica se empezó a dar desde mi punto de vista desde que egresé la licenciatura de Trabajo Social, quería seguir estudiando para ser universitaria.

Me llamó la atención que Trabajo Social es buscar cambios de tu familia, de tu comunidad. Me acercó a las comunidades y a las distintas realidades más precarias de las donde crecí.

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Entonces hice la Maestría en Ciencias Sociales para formarme en la ciencia que tuviera un reflejo o aportación directa a las realidades de donde muchos provenimos: ser científica social o de lo social buscando más una incidencia, una intervención en la vida.

Llegar al doctorado me cuestionó mucho porque me sentía de alguna forma incoherente con lo que yo creía o aspiraba desde proyectos más personales, más comunitarios, de colaboración, porque solos nunca vamos a poder hacer nada.

-¿Que ha descubierto en su trabajo que más le emocione o le inspire?

-Que hay muchas personas que pensamos igual y coincidimos en la necesidad de unirnos, colaborar para transformar las realidades.

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Lo que más me emociona es la convergencia con otros colegas que están trabajando, luchando.

Que la niñez inicie en la ciencia

Me tocó ser docente de primaria e ¡Hijodesumadre! sí me cambió el humor pero veo cómo hija disfruta haciéndolo divertido, haciéndolo con paciencia. ¿Cómo hacer que a una niña le guste la ciencia? Que se interese con ir más allá no solo leer los contenidos principales, yo creo que tiene que ver con que sea divertido.

– ¿A las científicas que la antecedieron que les diría?

– Muchas gracias, yo he tenido la fortuna de tener excelentes maestras, excelentes tutoras, acompañantes en mi vida profesional y les voy a estar agradecidas, más de una me hizo llorar lo reconozco, pero le agradezco.

Gracias a Doctora Ofelia, Patricia Arias, María Eugenia de la O y Susan Astrid, como formadoras me han dado muchos elementos a nivel teórico y también me han puesto otras maneras de elaborar ciencia.

¿Le ha hecho llorar su trabajo?

-¡Sí! por los temas que trabajo: estudio o me acerco a los fenómenos migratorios, historias extremas que viven las personas, mujeres, hombres, niños, ancianos, en esos procesos o decisiones que toman de irse de otro país o tenerse que mover de maneras forzadas a otros lugares; me siguen conmoviendo y no me da miedo manifestar mis emociones.

Creo que voy a seguir chillando porque todavía nos falta mucho para que cambien las realidades de las personas.

Ilustración: Diana de Ayer. Fecha de publicación: 5 de enero 2021

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Alejandra Villa
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