Peregrinar contra el desplazamiento forzado, wixaritari y tepecanos no dejan de resistir

El sábado 24 de marzo para Ricardo y Noé fue posible interrumpir el desplazamiento forzado al que los obligaron las represalias a abandonar su comunidad San Lorenzo de Atzqueltán en Villa Guerrero.

Han estado viviendo fuera de su comunidad desde que la delincuencia organizada arreció los ataques contra wixaritari y tepecanos dejando rastro de persecución y segregación indígena por la exigencia de restitución de tierras, por estar contra el despojo por ejercer el derecho a ser.

El sábado aquel, era el cierre de las ceremonia de agradecimiento a la Madre tierra, el momento donde se obtienen fuerzas y una guía ante sus dioses para continuar con las costumbres y la lucha en Villa Guerrero, municipio de la región norte de Jalisco. 

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Esos dos hombres que al mismo tiempo experimentaron alegría y temor de estar de nuevo en Atzqueltán, sabían que al cruzar la salida de Tlaltenango en Zacatecas, su suerte estaba echada: había que cuidar que los halcones nos los avistaran porque por el vacío de gobierno, tienen prohibido estar en su territorio sagrado por las amenazas que les lanzaron.

Pero no fue solo a ellos, sino a decenas de habitantes que no pueden cruzar por ahí. La lucha por el reconocimiento autónomo y los intereses del alcalde militante de Acción Nacional, Aldo Gamboa Gutiérrez, ha recrudecido la violencia en contra de los indígenas por ocupar las tierras que les pertenecen según el título Virreinal y que no estamos hablando de cualquier cosa, sino de 94 mil hectáreas.  

Un mes de peregrinar

Eso inició para quienes permanecen bajo acecho dentro de la comunidad que hay que decirlo, tiene nulas comunicaciones al exterior. Desde marzo se caminó para agradecer por su la salud, alimentación, recursos y bienes.

Son cuatro puntos sagrados a las que llaman “las esquinas”: el cerro de Moyotepec, el de la Puerta, cerro Frío y el cerro del Rayo a los que suben y después como cierre, se escala el cerro El Hueso en el corazón de Atzqueltán.

Todas, absolutamente todas las personas que integran la comunidad lo hacen: bebés, niñas y niños, los jóvenes, las señoras mayores y ancianos. Ya no lo hacen solos, rondamos entre ellos periodistas, extranjeros, activistas pero los más relevantes son Ricardo, Noé y su hermano Marco, los sobrinos, y su madre, bajo el ánimo de estar reunidos otra vez.

El sacerdote de la tribu que escala, determina dónde parar. El Marakame que naturalmente se trata de uno de los sabios de la comunidad, será quien guíe la ceremonia y por lo tanto la conexión para conocer las revelaciones del nuevo año; orientar a la comunidad en cada paso es lo que hace un chamán.

Tepecanos y wixaritaris unidos en el encuentro por una misma lucha de preservación y defensa de sus derechos territoriales, hablan. Ricardo es quien explica exactamente lo que se hace.

“Se hace una ceremonia de revelación donde los espíritus ancestrales le hacen saber al Marakame  la revelaciones ¿qué es lo que quieren? Para rendir tributo a la madre tierra se sacrifica a un toro, un becerro, un gallo y un guajolote […] Por medio de los años, por medio del trabajo, se llega a ser Marakame, no se elige, lo eligen sus poderes a través de la sabiduría que va adquiriendo. Es un don de la naturaleza elegir a quien es capaz de dirigir a las demás personas”. 

Rezar alrededor del fuego como acto de resistencia

No todos en San Lorenzo Atzqueltán están a favor de conservar la tradición y el estado de la comunidad como desde el origen mismo.

Los que promueven la urbanización y simpatizan con las imposiciones del gobierno municipal, cierran el templo del pueblo para que no sea usado por los indígenas en la celebración.

Pero lo abren. La noche del sábado se enciende una fogata durante 12 horas para comenzar a rezar en forma de canto. Ahí es el momento del que circule un tabaco llamado macuchi; se ha acercado el pinole, las velas, galletas que simbolizan la fauna animal y el tejuino, un fermento a base de maíz. 

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Quienes permanecen despiertos y en conexión a través del Marakame son no sólo los comprometidos con la ceremonia sino quienes beben “la rosita” o “tutú”, un licuado con agua y peyote que les fortalece ante el cansancio físico, porque la danza no se detiene.

La ceremonia dejó de ser El Costumbre de siempre, ahora ante la invasión y los efectos de la modernidad: desigualdad, discriminación y violencia, en ello se concentran y van compartiendo las revelaciones; así inicia su liberación personal para dejar ir todo aquello que los “aprisiona mental y espiritualmente”, explican.

Fuerzas para volver a casa

Los impactos del desplazamiento forzado en el que se encuentra desde hace más dos años Ricardo son infinitos y dolorosos. Tuvo que dejar a su compañera e hija que aunque por cuestiones de salud no pudieron acompañar durante toda la velada, él mismo contó que son el motivo para encontrar fuerzas y volver.  

Después de las doce horas de vela alrededor del fuego, se trajeron los cuatro animales tributo: un toro de cuatro años, un gallo, un becerro y un guajolote.

Su sangre como ofrenta de San Lorenzo es para mantener viva su lucha que ya es contra el cambio climatológico, a favor de sus cultivos, ante la realidad de la escasez del agua bajo el control de los gobiernos; ahí se mencionan leyes como para poner las cosas claras en el lenguaje de los mestizos: el artículo 2do de la Constitución mexicana, especifica que cualquier pueblo reconocido como indígena es el dueño de sus recursos naturales y están protegidos contra la usurpación o despojo de particulares y gobiernos que no sean los tradicionles. 

En Atzqueltán no aprueban las elecciones, todo gobierno les dio la espalda

Algo por lo que Jorge Aguilar el Comisariado de Bienes Comunales de San Lorenzo de Atzqueltán protesta, es que se ha manipulado a conveniencia e indiferencia de unos cuantos de la cabecera municipal en Villa Guerrero las decisiones de la comunidad.

Para ellos los tiempos de campaña representan burla y engaños cada que entran a la pueblo para hacer propaganda, conseguir votos y a buscar “unirlos”, pero sin el compromiso por sus problemas de violencia y con mucho desprecio por lo que enfrentan tanto tepecanos como el pueblo wixarika ante las políticas de despojo.    

Comisariado de Bienes Comunales

“Es cansado, hemos sufrido mucho, no sabemos porque nos atacan tanto siendo que tienen la misma sangre, son originarios de indios […] Desgraciadamente no lo reconocen y lo usan a conveniencia, hallan un programa para la comunidad que va a venir, son los primeros en enterarse y los primeros en anotarse, incluso nos cerraron la iglesia para que no la usemos y eso no está bien […] La municipalidad dice que todos tienen derecho y el terreno es de todos y por eso nos atacan, se sienten superiores, pero llegará el día en que nos tengan que reconocer”.

En el principio los Tepecanos permitieron el asentamiento de los wixaritari en este lugar y hoy les une la persecución y la política de exterminio. El diálogo con los espíritus de los wixaritari aún es en su idioma natal a diferencia de los tepecanos que ya lo han perdido.

Entonces también tienen una ceremonia católica y aunque llevan más de doce horas sin dormir y dejar de danzar, la fatiga no merma la conexión como lo explica Margarito Carrillo de la Cruz en voz alta. 

Marakame Margarito Carrillo de la Cruz

“El tutú nos está ayudando a saber cómo vivir, cómo trabajar, cómo cuidarnos las personas que estamos aquí, me arreglo para todos los que estamos aquí [..] Cada año hacemos esto y a madre tierra, madre agua y madre maíz la alimentamos y le entregamos sus colaciones, su galletas y el venado […] La tierra es importante, hay que sembrar y hay que bendecir, aquí trabajamos, aquí vivimos y hay que agradecer y por eso hacemos todo esto para madre tierra”. 

Nunca parar de danzar

A modo de brindis los comuneros y comuneras e invitados a la ceremonia bebieron el tejuino especial. Andrés, quien es segundo comandante de la comunidad y representante de los tepecanos, además de ser uno de los principales impulsores de conservar los usos y costumbres, compartió que a él las revelaciones lo llevaron a una manda de nunca cesar con las danzas. 

Andrés el que danza

“A mí me pedía lo de la danza y si yo no le cumplo a mí me castiga y me sigue castigando, si no hago lo que los espíritus me dicen, me castiga, hay que seguir como lo pida, porque es una revelación, me dice ayudame y yo te ayudo con otra cosa, eso es lo que se relaciona entre los espíritus y el hombre”. 

Afirmar el voz alta con el respaldo del Congreso Nacional Indígena

La clausura de las ceremonias al ya estar en la zona urbanizada debían varios pasar desapercibidos ante la presencia de “halcones” pues se elevó un mensaje como permanente demanda a los distintos gobiernos: parar los ataques, las agresiones, el desplazamiento forzado y la invasión del territorio en lo que están concentrados las y los indígenas que se mantienen en pie con dignidad y la razón jurídica de su lado.

 

“Recurrimos a los poderes de la tierra que son más grandes que los poderes de los corruptos que gobiernan y que ambicionan quedarse con nuestras tierras y que no nos ven ni nos escuchan aunque nos paremos frente a ellos para tratar de hacer ver el dolor de nuestro pueblo […] Los jueces encarcelan a nuestros comuneros para tratar de taparle la voz a los caciques y a ellos los liberan con descaro, cuando intentan desanimarnos y nos quitan con violencia la tierra que es el sustento de cientos de familias”.

La vida para los wixáritari y tepecanos, particularmente la de Ricardo y Noé, continua en pie de lucha como las otras resistencias indígenas de Jalisco que por circunstancias similares no terminan.

La exigencia es muy simple: la Comisión Estatal Indígena y los gobiernos de Villa Guerrero así como el estatal, pongan recursos y acciones concretas que respeten los derechos de los pueblos originarios en su territorio sin afectar la cultura, los recursos naturales, los lugares sagrados y sus cultivos de donde se sostienen en autonomía.

Foto: Atemi García. Texto: Atemi García y Jade Ramírez. Fecha de publicación: 30 de abril 2021.

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