Jóvenes al límite: la droga como refugio emocional
Por: Evangeline, Saulo, Ángel y Paloma: Foto: Especial. Fecha: 1 de septiembre, 2025.
- Es momento de mirar con otros ojos. Este trabajo nace con la intención de concientizar sobre la cruda realidad que viven muchos jóvenes con adicciones.
- No los juzgamos. Queremos comprenderlos, darles voz y mostrar que, detrás del consumo, hay historias que merece ser escuchadas. Hay vidas que aún pueden ser rescatadas. Todos podemos ser parte del cambio.
En las últimas décadas, el consumo de drogas entre adolescentes en México ha dejado de ser un tema aislado para convertirse en una preocupación urgente. Jóvenes que aún no han terminado la secundaria ya han probado sustancias como el alcohol, el tabaco o la marihuana. Lo que se consideraba una etapa de rebeldía, hoy refleja heridas emocionales profundas. Hay entornos familiares frágiles y una falta alarmante de alternativas sanas para enfrentar la vida.
¿Qué está pasando con nuestros jóvenes?
Según datos del INEGI, en el año 2021 se imputó a más de 3 mil 260 adolescentes por delitos relacionados con narcomenudeo. Aunque las cifras han bajado respecto a años anteriores, el problema persiste: 8 de cada diez jóvenes en conflicto con la ley han consumido droga. Por otro lado, la ENCODAT señala que el 12.3% de los adolescentes entre 12 y 17 años ha probado alguna droga ilegal. La marihuana encabeza la lista.
De acuerdo con el sitio web MedlinePlus, los adolescentes consumen drogas por diversas razones. Encajar con sus pares, escapar de problemas personales, aliviar la ansiedad o incluso por simple aburrimiento. Esto refleja una necesidad urgente de espacios seguros donde los jóvenes puedan expresar lo que sienten, desarrollarse emocionalmente y encontrar apoyo genuino.
La organización Oceánica añade que muchos jóvenes carecen de referentes positivos o actividades significativas. El ocio mal gestionado, la falta de proyectos personales y la ausencia de vínculos afectivos sólidos pueden ser detonantes del consumo. Se vuelve más fácil buscar una salida rápida, aunque destructiva, que enfrentar los retos de la vida sin herramientas emocionales suficientes.
Además, estudios como los publicados por Scielo revelan que las adicciones juveniles no solo están ligadas a cuestiones individuales, sino también estructurales: pobreza, violencia, deserción escolar y la exposición constante a entornos con consumo normalizado. En muchos casos, la droga se convierte en una forma de supervivencia emocional frente a una realidad abrumadora.

Este contexto nos obliga a dejar de señalar y empezar a entender. No se trata solo de “chavos que se portan mal”, sino de jóvenes que están buscando un sentido en medio del caos. Algunos lo hacen a través del arte, del deporte, de proyectos comunitarios. Otros, lamentablemente, terminan atrapados en las drogas.
Más allá del consumo: las verdaderas causas
Lo más alarmante es que el inicio en el consumo ocurre cada vez a edades más tempranas. La presión social, la curiosidad, pero también la tristeza, el abandono o la necesidad de pertenecer, empujan a muchos jóvenes hacia este camino.
Y en muchos casos, el entorno no ayuda. Escuelas que ignoran, familias que no saben o no quieren ver, redes sociales que normalizan el consumo, y comunidades sin opciones reales de crecimiento personal.
No basta con señalar que un joven consume drogas. Es necesario preguntarse por qué. Muchos expertos coinciden en que, detrás de una adicción, hay heridas emocionales no expresadas. La sobreprotección o abandono por parte de los padres. La baja tolerancia a la frustración. Falta de resiliencia o problemas familiares.
El psicólogo Carlos Ruiz Bautista explicó que la adicción es lo que no ha sido expresado. Para él, la raíz del problema está en lo afectivo. En el caso de los jóvenes, no saben cómo enfrentar el dolor, la frustración o viven sin un propósito claro.
“El hijo que crece sin límites, sin responsabilidad, con sobreprotección o castigos vacíos, es más vulnerable a caer en el consumo como una forma de escape”, afirmó.
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La familia: parte del problema, parte de la solución
La familia tiene un papel fundamental. Si no hay límites claros, se justifica la conducta destructiva o se evita que el joven asuma responsabilidades, se crea el terreno para una adicción. Por el contrario, una familia que escucha, guía con amor y firmeza, enseña con el ejemplo y ofrece tiempo de calidad, puede ser clave en la prevención.
El enfoque más humano invita a dejar de ver al adolescente como “un adicto” y empezar a verlo como alguien que sufre. No se trata sólo de dejar de consumir, sino de sanar, de construir un proyecto de vida que tenga sentido.

¿Se puede salir? Sí, pero se debe querer
Nadie cambia si no quiere. Si un joven decide salir de una adicción, cualquier recurso puede ayudar. Desde la terapia, un grupo de apoyo hasta un podcast o un video que lo inspire. Pero si no está listo, ninguna ayuda funcionará. La voluntad de cambiar es el primer paso.
Luis Osvaldo Barragán López, un ex adicto logró superar el consumo por su cuenta. Es un testimonio de que la recuperación es posible. Hoy, ayuda a jóvenes a distinguir entre mitos y realidades sobre las drogas.
“Salir no fue fácil, pero tuve que dejar de mentirme. Nadie me salvó, yo decidí salvarme. Y eso lo cambia todo”, compartió.
Desde la psicología se sabe que dejar de consumir no es garantía de estar “curado”. Si no se trabaja en las causas emocionales del consumo, la persona sigue vulnerable y puede recaer.
Por eso, más allá de la abstinencia, lo esencial es ofrecer herramientas para construir una vida con sentido, con motivaciones reales y saludables.
Un desafío que requiere respuestas urgentes
Este problema no se resuelve solo con campañas o castigos. Se necesita un esfuerzo colectivo: escuelas que eduquen en habilidades para la vida, familias que acompañen. Gobiernos que ofrezcan oportunidades y jóvenes que se sepan valiosos.
La drogadicción en adolescentes es, en el fondo, un grito de auxilio. Y, como sociedad, no podemos quedarnos callados. La solución está en escuchar, comprender y actuar.
**Este artículo lo realizaron estudiantes del equipo Vanguardia, que cursan el 3er grado de secundaria en el Colegio Champagnat, ubicado en la colonia Miramar, una de las zonas periféricas con alta desigualdad. Es el resultado de la materia de Español del área de Lenguajes, a cargo de la docente Alondra Barba. Se publica con autorización de las y los autores para estimular su creación, promover su gusto por el periodismo y que nunca dejen de investigar ni escribir.

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