Revivir al Río Colorado: utilizan abejas y agua para restaurar el delta que unía a Estados Unidos con México
Por: Astrid Arellano. Fotos: cortesía Pete McBride / Alianza Revive El Río Colorado. Fecha: 2 de enero, 2026
- El Río Colorado, que alguna vez transitó con libertad entre Estados Unidos y México, vivió una transformación devastadora cuando las aguas del río dejaron de llegar al mar.
- La construcción de presas, desvíos y acuerdos binacionales sobre el manejo del agua terminaron por secarlo y convertirlo en un desierto durante décadas.
El Río Colorado era caudaloso. Amelia Chan Díaz lo recuerda imponente, rodeado de sauces y álamos, cruzando la frontera entre Estados Unidos y México. De él conserva muchos recuerdos, como aquella vez que el afluente llevaba tanta agua que sus corrientes hicieron tambalear y derribaron el puente que permitía cruzarlo entre las ciudades de Mexicali y San Luis Río Colorado. Ocurrió en la década de 1980. Amelia era una niña y el río formaba parte de la vida cotidiana del pueblo indígena cucapá, del que es originaria. En sus aguas pescaba lisas, carpas y bagres junto a sus hermanos, sus primos y su madre. Apenas una década más tarde, del lado mexicano, el río dejó de correr.
“Primero nos dijeron que iba a subir mucho el agua y que harían un bordo de contención. Aunque el agua sí subió, no fue mucho. Pero después, poco a poco, fue bajando el flujo. Para pescar ya no era lo mismo, teníamos que ir más adentro”, recuerda Chan Díaz, artesana originaria del ejido Pozas de Arvizu, una pequeña localidad cucapá del municipio de San Luis Río Colorado, al extremo noroeste de Sonora, México.

Los cambios
La transformación no fue inmediata, sino gradual. La comunidad comenzó a notar que el río perdía fuerza. Los cucapá, un pueblo indígena binacional con presencia en ambos lados de la frontera, recibían noticias de sus familiares que viajaban desde Arizona. Se hablaba de presas río arriba, de compuertas que se cerraban, de flujos desviados y del agua que dejaría de llegar al lado mexicano. Al principio, eran rumores. En los años 90, la sospecha se volvió certeza: “Poco a poco el agua ya no era la misma acá. Entre 1992 y 1993, ya no había agua”, afirma Chan Díaz.
Pero ese fue solo uno de los episodios de un proceso que había comenzado décadas antes. A lo largo del siglo XX, la construcción de presas y obras hidroagrícolas, junto con acuerdos binacionales para la distribución del agua, el crecimiento poblacional y el impacto creciente de la sequía transformaron el delta del Río Colorado —con millones de años de historia— en un paisaje completamente árido. Perdió, además, su conexión con el mar.

“Cuando se hace la división del río, quedan tres grandes ausentes: México, los pueblos originarios y el medio ambiente. A ellos se les excluyó y el río, poco a poco, se empezó a convertir en un desierto, el más seco que te imagines”, dice Aída Navarro, coordinadora de la Alianza Revive el Río Colorado. “A partir de los años 80, la región del delta comenzó a estudiarse prácticamente como un caso de un ecosistema muerto”, agrega.
El agua regresaba
Hubo, sin embargo, años excepcionales. La necesidad de liberar flujos extraordinarios desde las presas provocó episodios de abundancia momentánea, como aquel que Amelia Chan Díaz recuerda, cuando las corrientes derribaron el puente. Fue entonces cuando científicos, conservacionistas y habitantes de la región advirtieron que, incluso con pequeñas cantidades de agua, el ecosistema respondía. “Aun con poquita agua, el delta tenía una resiliencia increíble y reverdecía”, afirma Navarro.

Esa constatación abrió la puerta a nuevas preguntas. A partir de la década de los 2000 comenzaron gestiones binacionales bajo una premisa sencilla: “¿Qué pasa si le destinamos un poquito de agua al medio ambiente?”, sostiene Navarro.
México y Estados Unidos comenzaron a destinar volúmenes específicos de agua para la naturaleza. Esto impulsó proyectos de restauración, la creación de humedales y nuevas alianzas binacionales. A estas primeras iniciativas se sumaron organizaciones, académicos, gobiernos, comunidades locales y los cucapá, en un esfuerzo por restaurar el río que durante generaciones sostuvo la vida de su pueblo.

Una alianza para revivir el río
En 2012 y 2017 se firmaron las Actas 319 y 323, acuerdos binacionales que primero establecieron y luego ampliaron medidas para el manejo y la asignación de agua con fines de restauración ambiental. También, acciones frente a la sequía y mecanismos de colaboración para mejorar su salud ecológica. El delta del Río Colorado dejó de ser solo un símbolo de pérdida para convertirse en un laboratorio vivo de cooperación y resiliencia ecológica.
“El Acta 319 fue como un experimento de cinco años para decir: ‘Okay, vamos a hacer, por primera vez en la historia de dos países que comparten un río, un acuerdo binacional para destinar agua para el medio ambiente’. Fue una cuestión sin precedentes: parecía imposible traer agua al río y, sin embargo, se logró”, agrega Navarro.

En ese transcurrir nació la Alianza Revive el Río Colorado. Es una colaboración entre seis organizaciones no gubernamentales de Estados Unidos y México: Pronatura Noroeste, Restauremos el Colorado, The Nature Conservancy, National Audubon Society, Sonoran Institute y The Redford Center. Su objetivo es reactivar el Delta del Río Colorado mediante iniciativas para la restauración ambiental que beneficien tanto a las comunidades humanas como a la vida silvestre del delta.


“Hace 20 años, ni de broma se tenía la posibilidad como sociedad civil de tener un asiento en la mesa con los tomadores de decisiones”, explica Navarro. “Generalmente, un tratado o un acta de este tipo se gestiona entre los gobiernos. Y el hecho de que se haya abierto la puerta para que la sociedad civil entrara a asesorar, opinar y recomendar es un acto sin precedentes. Han sido muchísimos años de ir generando información científica y técnica, pero también confianza”.
Delta del Río Colorado
En la actualidad, la región del delta del Río Colorado es un ecosistema esencial que incluye humedales, marismas y zonas áridas. El hábitat es crítico para numerosas especies y representa el sustento para las comunidades locales del valle de Mexicali, en Baja California, y San Luis Río Colorado, en Sonora, que enfrentan serios retos de sequía, impulsados por la sobreasignación de recursos hídricos y el cambio climático.

En este contexto, la Alianza Revive el Río Colorado trabaja en proyectos de restauración en sitios clave como Miguel Alemán, Janitzio, Chaussé, Laguna Grande, Vado Cebollero y Don Parna. A la fecha, se han restaurado más de 500 hectáreas de bosques y se han sembrado un millón de árboles nativos.
“¿Qué ha implicado desde el punto de vista técnico? Imagina que llegas a un terreno completamente degradado, un desierto; pelón para donde voltees. El reto es convertir eso en un bosque”, describe Navarro.
“Hay que hacer estudios técnicos, el diseño de un área de restauración. Además, identificar cómo va a fluir el agua a través de estudios hidrológicos, además de estudios de vegetación, hacer monitoreos para establecer una línea de base para saber cómo están las aves y las especies en el día cero”, detalla.
Retirar especies invasoras, plantar, regar, hacer gestión en el terreno y realizar mediciones de cada paso dado vienen después.
“Todo para que, en 10 o 15 años, tengas un bosque en donde hay álamos de diez metros de altura, donde hay muchísimas aves. Con un microclima con una temperatura más baja y a donde han vuelto especies como castores y linces”.
Los cucapá y la restauración
Los monitoreos realizados por las organizaciones que integran la alianza confirman que la vida ha regresado. Hasta ahora se han registrado más de 250 especies de aves y 12 de mamíferos, además de 14 especies de reptiles y anfibios. En cuanto a la flora, se han identificado 12 especies forestales y más de 50 especies de herbáceas y arbustos nativos.
Según los datos de la organización Restauremos El Colorado, solo en una fracción de 100 hectáreas del corredor ecológico, se encuentran al menos 10 especies enlistadas en alguna de las cuatro categorías de riesgo establecidas por la normativa NOM-059 de la Semarnat de México y una está protegida por la Endangered Species Act de Estados Unidos.
Los cucapá y las comunidades de los valles de Mexicali y San Luis Río Colorado han sido parte del proceso de restauración desde sus primeros pasos, entre finales de los años 90 e inicios de la década de 2000. Sin embargo, su participación se volvió más constante y organizada a partir de 2016, con acercamientos directos y continuos encabezados por Pronatura Noroeste.

“Participé en una reforestación en la Mesa Arenosa de San Luis, en el humedal Cucapá —que se alimenta de aguas residuales—, con Pronatura Noroeste. Me pareció muy importante”, cuenta Amelia Chan Díaz. “Uno lo ve de lejos y dice: ‘Ah, pues sí, ya están grandes los árboles’. Pero no nos damos cuenta del trabajo que hay detrás: el del vivero y el de quienes limpian y podan de sol a sol. Es admirable el trabajo de todas esas personas en cada una de las áreas de restauración”
Entre las diversas iniciativas que han surgido con los años, una de las más recientes tiene a Amelia Chan Díaz al frente.

Abejas para la vida
La casa de la madre de Amelia Díaz Chan estaba rodeada de abejas. Unas siete colmenas, distribuidas entre el jardín y el patio, llenaban el ambiente de zumbidos. “Eran parte de la familia”, dice Chan Díaz. “Salías de la casa y te topabas con las abejas, estaban en todos lados; a mi mamá le gustaban mucho”, recuerda.
Uno de sus tíos era quien extraía la miel. Lo hacía “de manera rústica” —dice Chan Díaz—, utilizando estiércol de vaca para producir humo. Hoy, junto a su hermana Gabriela y su compañero Ángel Pesado Majaquez, también integrante de la comunidad cucapá. Ha aprendido nuevas formas de ahumar: utilizan hojas de plantas nativas como cachanilla, eucalipto y salvia, de manera controlada y menos agresiva, para calmar a las abejas durante la inspección de las colmenas y extracción de la miel, reducir el estrés de la colonia y evitar dañarlas.

Esa es una de las técnicas que aprendieron a inicios de 2025, cuando participaron en un taller de apicultura impartido por la organización Restauremos El Colorado. En el área de restauración de El Chaussé instalaron un apiario que ha ido creciendo lentamente, ubicado en un sector con casi 100 hectáreas restauradas.
“Las abejas, como sabemos, son constructoras y polinizadoras, tienen una labor súper importante en los sitios de restauración”, dice Antonio Ángel Benavent, director de Restauremos El Colorado. “Estamos asegurando que haya una población de abejas ahí, porque la misma vegetación que nosotros estamos fomentando da flor, que es alimento para las abejas”.

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