Investigación comunitaria caracteriza olores ofensivos en El Salto, Juanacatlán y Las Pintas

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Investigación comunitaria caracteriza olores ofensivos en El Salto, Juanacatlán y Las Pintas

Por: Adrián Montiel González. Fotos: Especial. Fecha: 9 de febrero, 2026

El olor permanente, a diferentes horas y con intensidades, a huevo podrido, alcantarilla y excremento concentrados en sulfuro de hidrógeno, un olor caracterizado en un estudio pionero que durante cuatro décadas son la constante en comunidades de El Salto, Juanacatlán y Las Pintas. Además, los olores químicos afectan diariamente a casi 200 mil personas.

Se trata de un estudio comunitario Olores ofensivos en el Salto, Juanacatlán y Las Pintas, Jalisco que combina disciplinas de las ciencias sociales y básicas desarrollado entre noviembre de 2022 y junio de 2024. El estudio reunió los esfuerzos de las comunidades, la asociación Un Salto de Vida y de investigadores y estudiantes de la UdeG y CIATEJ.

En la Presa Las Pintas se registró un olor catalogado como «extremadamente fuerte». Es el sulfuro de hidrógeno (H₂S) cuya concentración supera al promedio: 22 partes por millón (ppm). También se identificaron 27 compuestos orgánicos volátiles (COVs) dominados por tolueno y etanol. 

En otro tramo objeto de denuncias de Un Salto de Vida, la Presa El Ahogado tuvo las concentraciones más altas de COVs de hasta 57 ppm. Ahí encontraron compuestos orgánicos como el homosalato que revela una fuente de contaminación química industrial.

Los resultados son un insumo que, junto a otros recabados por la comunidad como las muertes y enfermos por las aguas del Río Santiago, suman la contaminación atmosférica severa que vulnera la salud física, mental y el derecho a un medio ambiente sano de sus habitantes.

Los habitantes

La integrante de la asociación Un Salto de Vida A.C. y habitante de El Salto, Sofía Enciso González, dijo que crecer en El Salto y Juanacatlán es identificar y saber a qué huele el ambiente en la mañana, en la tarde y en la noche, un olor que, con el tiempo, dejaron de atribuirlo al río.

“Es un problema que viene de la industria por la desregulación o de las descargas tóxicas industriales que, sin ninguna vigilancia, se hacen sobre nuestros sobre nuestros cuerpos de agua, cuerpos vivos, comunidad, aire, sobre los cerros y todo”.

No solo es hablar de denuncia las descargas contaminantes y al aire, 

“Un olor que baja nuestra calidad de vida, interrumpe nuestro diario hacer, que viola nuestro derecho a dormir y descansar en un sueño profundo. Y que es para trabajar todos los días y es por eso que es tan importante empezar a hablar de esto para generarse una regulación, una voz que pueda mejor que el olor a mierda no es normal y no es solo que huela mal, sino que nos enferma y nos mata” 

Para la habitante de Las Pintas, Marisa Yáñez Rodríguez, el olor ya es una constante que, pese a la molestia, forma parte de sus vidas.

“Pero no nos acostumbramos: olemos, respiramos y sentimos estos olores que, a veces, es triste y da coraje, da impotencia. No sabemos qué podemos hacer, por esto vemos las maneras de expresar y decir que no es justo vivir así”, puntualizó.

La investigación 

El profesor investigador del Departamento de Sociología del CUCSH, Jaime Torres Guillén, quien lideró la investigación de campo con personas residentes y no residentes. Con ellas caracterizó los olores ofensivos en puntos como las presas de Las Pintas y del Ahogado, y las Cataratas del Río Santiago.

“Pensamos que este fenómeno no radica solamente en un olor ofensivo, un mal olor o en una pestilencia. Son compuestos orgánicos volátiles que, aunque puedan ser malolientes o no, no significa que no sean dañinos o que no sean tóxicos”, destacó.

Entre los olores ofensivos identificados se encuentran, además del sulfuro de hidrógeno, el ácido benzoico, putrescina y cadaverina. Además de componentes como ciertas aminas, cetonas, fenoles, alcoholes, entre una lista de 40 componentes. 

El trabajo de campo concilió disciplinas como la antropología social, la ingeniería química, la ingeniería ambiental y la geografía.

José Octavio Saucedo Lucero, investigador titular del CIATEC, un instituto auspiciado por el gobierno de Jalisco, acotó que en la identificación se encontraron sustancias que, más que un peligro, se tiene que indicar que se trata de sustancias que pueden ser peligrosas tras una larga exposición.

El investigador independiente, José Ángel de Jesús Sánchez, enfatizó que los olores ofensivos en el aire se originan, contra toda ley, en las aguas del Río Santiago y la Cuenca del Ahogado.

“Estos cuerpos de agua tienen que estar limpios. No es normal ni legal, por la Ley de Aguas Nacionales, encontrar este tipo de compuestos documentados ampliamente. Y hablamos de una cuenca cuya problemática se vuelve compleja porque se ha alterado por desarrollos humanos desde el siglo XIX o con la actividad de las haciendas”.

Medir el desastre: personas oledoras

Para categorizar los olores ofensivos se conformó un grupo de estudiantes de la UdeG como personas oledoras. Esta nueva categoría percibieron en distintas épocas del año el tipo de olor, frecuencia, intensidad, sensación y sentimientos generados (la presa de Las Pintas, del Ahogado y cataratas del Río Santiago).

Las personas oledoras no residentes mencionan en mayor medida en los tres puntos explorados, olor a huevo podrido, alcantarilla y excremento. Esto coincide con la percepción de las personas residentes la cual está relacionada con el sulfuro de hidrógeno (H₂S). 

De hecho, casi el 50 por ciento de quienes participaron en este estudio exploratorio mencionaron que la intensidad de olor es muy fuerte.

“Poco menos del 14 por ciento mencionó que el olor era insoportable. Si se cruza este dato con el tiempo de percepción de dichos olores, es significativo que el 28.46 por ciento de las respuestas señala que el olor dura varias horas”, detalla el estudio.

Además, dos de cada diez personas consideró que la duración del olor era de pocos minutos. Uno de cada diez dijo que el olor permanecía una hora. Los oledores consideraron que en los puntos “hace poco viento”.

Los olores, de acuerdo con los oledores, les generaron sensaciones como irritación y náuseas. Estos olores los relacionaron con sentimientos de tristeza y coraje.

“Esto es relevante porque nos ofrece elementos para afirmar que los olores ofensivos afectan la totalidad de la vida de las personas e impiden tener formas logradas de vida cotidiana. Esto es, al estar presente en la cotidianidad un agente ofensivo al que no se le puede ver, sino sólo oler, su presencia vulnera el derecho que tienen las personas a vivir en ambientes libres de cargas nocivas”, de acuerdo con el estudio.

Las regulaciones sin efecto

María Olivia Peña Ortiz, profesora investigadora del Departamento de Química del CUCEI, explicó que existen regulaciones de olores. Se encuentran en el Artículo 1011 Bis de la Ley General de Equilibrio Ecológico la Protección al Ambiente. Y en los Artículos 20, 21 y 22 de su reglamento. Se obliga a cumplir con sistemas de control ambiental a empresas y giros empresariales, pero falta una norma en este ramo, su cumplimiento y vigilancia.

“Las empresas deben de tener su licencia ambiental única que puede estar condicionada a la vigilancia para que mantengan estos equipos en funcionalidad para tratar los contaminantes”, explicó Peña Ortiz.

Además, especificó que la ley estatal contempla la regulación de olores dependiendo del giro empresarial y es competencia para la vigilancia de la federación y del Estado.

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Adrián Montiel
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Periodista de investigación.

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