Del rosario a la fiesta: comunidad mazahua de Zapopan
Por Adrián Montiel. Fotos: Marissa Velázquez y Érika García. Fecha: 15 de diciembre, 2025
Tras revivir la antigua tradición del rosario, la comunidad de la colonia 12 de Diciembre de Zapopan partió del rosario con cantos en mazahua a una verbena guadalupana donde la lengua y la cultura florecen después de tres generaciones
Hace un año, en la colonia 12 de Diciembre de Zapopan, el rosario a la Virgen de Guadalupe transformó a la comunidad mazahua.
Tras 15 años de interrumpir el rezo que honra a la guadalupana, seis mujeres revivieron la tradición tal como se hace en su pueblo natal, Santiago Coachochitlán, Estado de México. La representante de la comunidad mazahua en Zapopan, Marissa Velázquez, sugirió retomarlo sin ninguna expectativa, sólo revivir esa tradición practicada por sus ancestros.
“Decidimos retomarlo en serio y, vimos que la gente, al llegar a su casa, sentía algo muy fuerte: no sabíamos nada de sus necesidades. Podemos ver al vecino y a los demás en la calle muy bien, pero en sus casas el rosario movió muchas cosas”, dijo.

Más que un rezo
La iniciativa de este grupo de las mujeres de esta colonia surgió para reafirmar la fe y las tradiciones de los mayores.
Así, comenzó el novenario previo al 12 de diciembre de 2024. No era un rosario común, sino con mucho canto y en lengua mazahua.
“Al principio duraba dos horas el rosario, pero luego, no te miento, llegó a durar hasta seis horas entre puros cantos, en mi idioma: era una cosa como de ya no sabíamos qué pasaba. Llegábamos a una casa y nos ofrecían comida; llegábamos a otra a otra y lo mismo, la gente se fue juntando. Eran filas de mujeres y hombres que hasta llegamos a contar cien entre hombres, mujeres y niños”.
La gente daba comida por la creencia del retorno de lo que se da desinteresadamente.
“Creemos mucho en lo que se dice “Dios te lo va a multiplicar”, o sea, la gente siempre ofrecía algo por esta creencia. No sabíamos si tenían unos recursos, pero tampoco se los pedíamos y tampoco era obligatorio. Creemos que si compartimos nos va a ir bien a todos, si nos apoyamos, nos va a ir bien”, compartió.
Sorpresas
Para Marissa Velázquez, la respuesta fue mejor de lo que esperaban.
“Tal vez porque nosotras, las encargadas y representantes de la comunidad nos organizamos para hacer el rosario, los rezos, la danza y los cantos como se hacía en nuestro pueblo, de donde vienen nuestros abuelos”.
Previamente, la idea no fue bien recibida por la comunidad. Incluso, muchos, al escuchar la propuesta, no les convencía.
“Fuimos a invitar a las personas y hubo de todo: crítica, otros que no nos decían nada en la cara, pero sí hubo gente, que ni siquiera nos abría la puerta. Sólo invitamos a puras personas de la comunidad mazahua. Después, muchas personas nos abrieron la puerta”, dijo la representante de la comunidad.
Y otras más llegaron llenas de flores, incienso, copal, velas, comida y otras cosas.
“Era tal cual se hace en mi pueblo: era algo que les movió mucho el corazón”.
Y las cosas cambiaron con los que menos esperaban.
“Por ejemplo, las niñas y adolescentes que nacieron aquí y nunca han presenciado algo así en el Estado de México, me preguntaron ‘¿por qué esto mamá? ¿por qué toda la gente trae comida mamá?’ Muchas preguntas. Yo le decía: es que dios está representado en esta imagen”, explicó.
Al ver más de cien personas reunidas rezando, participando, dando la bendición en cada casa, fue algo insólito.
“Por eso te decía, es diferente a los otros rosarios, porque llegaban, por ejemplo, cuando llegaban y empezaban a pedir por mí, por mi familia, mi casa, mi trabajo, y no era una, sino muchas personas pidiendo lo mismo”.
La trama del quexquémitl
En una de las casas a las que llegó la escultura de la Virgen de Guadalupe, era la casa de una tía de Marissa.
La recibió como en su casa: la vistió con un quexquémitl. Era como todas las mujeres de la colonia con esa prenda que entra por el cuello y cae en forma de punta por el pecho y la espalda.

“Luego todas ya lo traían puesto: cada día que iba en una casa se sumaba una familia y se ponían el quexquémitl. Nosotras no se lo pedíamos, no podíamos hacerlo, pero era obvio que las niñas y mujeres se sentían identificadas.
En la colonia 12 de Diciembre se sufría mucha discriminación, esa fue una de las causas por las que dejaron de usar la prenda tradicional o dejaron de hablar su lengua. Pero el rosario y la virgen con quexquémitl cambió algo entre las personas.
“El día 12 de diciembre de 2024 todas vestían el atuendo. No es lo mismo que vayas para esa ocasión o cuando vas sola —si supieras cómo se te quedan mirando cuando vistes así por la calle—. Pero esas personas al ver tantas mujeres vestidas con su vestimenta, ya no importaba porque la calle se convirtió en un espacio seguro para vestirse, expresarse y mostrar su cultura y de dónde venimos”.
Marissa comprendió algo del quexquémitl y su cultura. Por ejemplo, cada persona que deja flores en cada casa del rosario, así se va urdiendo un hijo invisible que restaura al pueblo.
“Por ejemplo, yo dejaba una parte de las flores en una casa y entregaba otras en otra casa, y así sucesivamente. Es como si yo fuera tejiendo estos lazos con la gente a través de los rezos, y las unían porque eran personas que ya no se hablaban, ya no se iban a reconciliar”
Descubrir una comunidad
Las primeras generaciones de mazahuas del Estado de México llegaron a Zapopan en la década de los años 50. Desde entonces las personas han salido adelante con oficios como el tejido, comercio ambulante, fabricación de muebles, la albañilería. A las anteriores se suman los profesionistas universitarios como abogado o ingenieros en sistemas.
Marissa es la primera abogada de la colonia.
“Hay toda una historia que no se ha documentado de mi comunidad. Pero la comunidad empezó a ser visible en la primera administración del entonces presidente municipal, Pablo Lemus, hace diez años. Pero desde hace doce años las cosas empezaron a cambiar”.
Marissa se dio cuenta que, al visibilizar su cultura, los iban a respetar y, sobre todo, por ser parte de los pueblos indígenas.
“La generación de mi papá y mis abuelos eran de comunidades, pero en su caso el sí sufrió mucha discriminación. Hablaba mazahua y hacia las prácticas de la comunidad, pero era una cosa interna, de la puerta hacia adentro”.

Para ella, las redes sociales fueron la ventana para ver otras expresiones de pueblos indígenas que exigían respeto.
“Hace más de 10 años me di cuenta en Oaxaca había una mujer en Oaxaca que promovía a través de las redes sociales, todo la información relacionada con los derechos de las comunidades indígenas, entonces cuando llega Pablo Lemus.
Así comenzaron a agruparse diferentes colectivos de culturas indígenas como mazahua, otomí, purépecha y mixe. Actualmente, en la ciudad y el estado abarcan lenguas como mixteco, náhuatl, wixárika, entre otros con diversas variantes.
“Estos colectivos estaban agrupados y más enfocados en las fiestas que son las que se priorizan más, pero en mi caso, estaba más enfocada en los derechos humanos. El trabajo que hemos hecho es por el trabajo comunitario”.
A un año de la reactivación del novenario, la gente volvió a salir a la calle: la Virgen de Guadalupe en un estandarte tricolor custodiada por mujeres en quexquémitl. Ya no se trató de un novenario de descubrimiento y memoria, sino una fiesta para celebrar como en Santiago Coachochitlán.

Fue una celebración familiar con baile, comida, vendimia y risas como las dedicadas a la considerada madre de todos los mexicanos.

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Adrián Montiel
Periodista de investigación.





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