Comunidad Nahua de Tonalá denuncia a empresa por daño ambiental y desacato judicial

Comunidad Nahua de Tonalá denuncia a empresa por daño ambiental y desacato judicial

Por Adrián Montiel González. Fotos: Comunidad Indígena Nahua de Tonalá (CINT). Fecha: 23 de marzo 2023

A menos de un año del decreto al Cerro de la Reina como Área Natural Protegida y Espacio Biocultural el 25 de marzo de 2025, los miembros de la comunidad indígena en Tonalá denunciaron que una empresa inmobiliaria emprendió despalme, la apertura de caminos y construcción de casetas de vigilancia en 33 hectáreas; un daño ambiental y un desacato judicial a todas luces.

La Comunidad Indígena Nahua de Tonalá (CINT) denunció hechos que no sólo representan una posible violación a la ley, sino un atentado contra el territorio sagrado de un pueblo originario y contra el equilibrio ambiental de toda una región. 

Así lo denunció la arbitrariedad Felipe Bernabé López, Secretario de la CINT, en un territorio sagrado donde se recrea la cultura desde tiempos prehispánicos.

<<Hay un despalme en el Cerro de la Reina: vimos que andaban trabajando máquinas. Aparte, hay como tres casetas de las que llaman de cobro. Porque se supone que el tribunal les dijo que, para cualquier evento que quisieran hacer, tenían que consultar a la comunidad indígena>>

Esto ocurrió pese al reconocimiento que hizo  el Juzgado Cuarto de Distrito en Materia Administrativa del Estado de Jalisco el pasado 23 de enero. La instancia judicial reconoció el derecho de la comunidad a ser consultada de manera libre, previa e informada respecto al territorio de 51.4 hectáreas.

Área del norte del Cerro de la Reina que sufrió despalme
Frenar un proyecto inmobiliario

De acuerdo con Felipe Bernabé López, el despalme es la preparación del sitio para la construcción de un proyecto inmobiliario que contempla 30 edificios de 30 metros de altura.

<>, informó la asamblea general de la CINT a través de un comunicado.

La asamblea consideró la situación en el Cerro de la Reina como grave porque las intervenciones ocurren en un espacio biocultural y patrimonio del occidente de Jalisco.

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La propia comunidad, ejerciendo su derecho a la libre determinación reconocido en la Constitución mexicana y en instrumentos internacionales como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

“La comunidad indígena de Tonalá no habla desde la debilidad, habla desde la dignidad. Durante siglos intentaron borrarnos, negar nuestra existencia, desaparecer nuestra historia y convertir nuestra memoria en un espectáculo turístico. Pero aquí seguimos. Más organizados, más conscientes de nuestros derechos, más acompañados por la sociedad civil y por quienes entienden que la defensa del territorio es también la defensa del futuro. Que quede claro: la comunidad indígena de Tonalá no descansará”.

Una de las casetas en el área de desplame
La resistencia con menos de 52 hectáreas y casi 500 años

La memoria histórica de la comunidad de Tonalá es un acto de resistencia heredado que rebasa las casi 52 hectáreas a lo largo de más de medio milenio. Felipe Bernabé conoce los conflictos de su tierra que se remontan a la época de la conquista.

De esta guerra quedó en la memoria Santo Santiago, aliado de los españoles, y la figura del tastoán.

“Se metían en el yerbajal y no les importaba enfrentarse a todo tipo de alimañas de animales. Ellos sólo querían defender su tierra. Este es el significado de la máscara: el rostro desfigurado porque no les importaban los rasguños con tal de defender su tierra”. 

Desde entonces, se les conoce como “tercos y obstinados» por defender la tierra. Sin embargo, desde entonces han atestiguado el despojo y la transformación del paisaje que, en el último siglo, ha sido devastadora.

“Yo puedo describir qué es lo que había antes de este caserío y edificios. Imagínese ¿quién lo sabe? ¿Un funcionario público a nivel municipal, estatal o federal que otorgan licencias para destruir y desbaratar todo, hasta un río como el que había en Loma Dorada?

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Felipe Bernabé recuerda que en los años 70, cuando era niño, encontraba coyotes, conejos, liebres, ardillas, tuzas y lagartijos. También mucho árbol comestible como guamuchil, mezquite, zapote, zapote blanco, zapote negro y hierbas medicinales. 

“A mí me tocó vivir un tiempo diferente a este. Nadie se lo imagina si lo platico, a veces ni me lo creen. Inclusive, un nieto me dijo una vez «oiga, abuelito, y usted ¿cómo vivía si nunca tuvo celular?» Le dije: “yo viví mejor que tú porque nunca viví con crisis, vivíamos al aire libre, sin miedo”

Hoy, dice Felipe Bernabé, queda caminar en el territorio con la memoria como única trinchera frente a un paisaje asediado.

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Adrián Montiel
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Periodista de investigación.

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