Bruno, o cómo se educa para la Transfobia

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Bruno, o cómo se educa para la Transfobia

En el parque Rojo se ha logrado, del lado de la calle López Cotilla, lo que hace unos años se vivió como una larga fiesta cada sábado cuando el Tianguis Cultural en los noventa.

Convergencia de arte, mercadeo, cervezas, fanzines, piedras, vestimenta exótica y roce de distintas formas de ser.

Ahora en el Rojo no hay rock como hace 20 años, pero hay anime, entrenan combate medieval y hasta práctica de autodensa y mucho voguing.

Las personas Trans y no binaries toman un pasillo para practicar el baile que les identifica o hacer ballroom.

Son Las Medusas, un grupo que ensaya a la luz del día porque no hay nada de que avergonzarse.

En ese lado la libertad respira en paz sin homofobia ni Transfobia.

Cruzar la avenida Juárez hacia Pedro Moreno ya sabemos lo que implica: someterse a las reglas de los grupos separatistas que piden INE o hacen inspección corporal para autorizar quién es mujer y quien hombre. Fascismo.

Pero frente a las cafeterías que se autodenominan incluyentes y contra la discriminación, hay música, baile, canto, familias.

Niñez que está con su familia en puestos de comercio, niñez que acompañan a la hermana, madre, niñez naturalizando la diversidad. Nada más fácil.

La familia germen del machismo

Algunos sábados Perimetral se reúne con las autoras de una serie en ciernes que se llama PodTrans.

El sábado pasado entramos al área de juegos que el ayuntamiento de Guadalajara amuralló para tener cierta seguridad dentro del Parque Rojo.

Mientras mi hija estaba en la resbaladilla, las chicas autoras de la serie y yo nos sentamos a trabajar aisladas del ruido; la meta del día era desbloquear la escritura desde dos ejes esenciales: familia y amistades.

Ella pronto hizo una amistad con Bruno, un niño que venía con su padre quien estaba sentado en los columpios a seis metros de nosotras.

“Me llamo Bruno”, me dijo cuando lo saludé. Apenas si podía decir su apellido a sus cuatro años y fue hasta después de tres intentos de decirme su nombre, que le entendí Bruno.

Ya era un torbellino y estuvieron largo rato jugando de manera libre, bajo seguridad, en la larguísima resbaladilla.

Mi cría no es de las que condiciona la amistad a “sígueme, yo digo cómo jugar» y Bruno se veía que también quería jugar a ratos solo y a ratos en pareja.

Durante una hora Aide, Juno, Zafiro y Natalia, estuvieron sentadas mientras yo parada guiaba la sesión del laboratorio.

Naturalmente para desentumirse el cuerpo se levantaron una a una y seguimos hablando en círculo debajo de la resbaladilla. Fue tan intima y privada la conversación que teníamos, donde era imposible alguien nos escuchara.

No había lugar para la carcajada, los exabruptos o bromas. Familia y amistades, los dos primeros ejes difíciles de abordar en personas en transición de género.

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Las sesiones de PodTrans son tejidos finos de vínculos que se van anudando más cada encuentro.

Estamos gestando una amistad alrededor del periodismo, la creación sonora y las autobiografías.

Es un laboratorio de Perimetral para, en lugar de hacer periodismo vertical, cada una contará sus historias de vida como autobiografía.

¿Para qué? Para desmitificar la felicidad que puede ser un poco superficial de la disidencia sexual llena de brillantina, vogue (dance house o baile moderno), noche y maquillaje.

A lo lejos había otras familias, más cerca una mamá con dos bebes, entró una pareja hetero con un perro lobo, una más metiéndose un faje y más al fondo, otras personas conviviendo… hasta un hombre en situación de callé defecando sobre la pared envuelto en un sarape.

Heredar Transfobia

Alrededor de las ocho de la noche y ya cerrando la conversación de amigas sobre técnicas de escritura creativa, noté que OA estaba sola y con cara de aburrida. Era decepción en realidad.

Nos despedimos de las amigas, caminamos a nuestra ruta de regreso a casa y no se aguantó:

– Mamá, Bruno me hizo sentir mal, habló de nuestras amigas queer. Me dijo esos son hombres y yo le dije que no, ¡qué son chicas!

– ¿Cómo te lo dijo?

– Estábamos en la resbaladilla y empezamos a discutir porque me dijo esos son hombres, son hombres, son hombres. Le dije que no, que las respetara porque son mujeres y eran nuestras amigas, que no importa lo que parezcan si no lo que ellas eligen ser.

– ¡Mi amor, te agradezco mucho y felicito porque las defendiste!

– Y Bruno me dijo con coraje “tú también eres Niño”.

No tengo que describir mucho lo inflamado que estaba mi corazón por cómo defendió a nuestras amigas, lo pueden imaginar.

La abracé mucho y traté de compensar su agobio escuchándola y validando su defensa.

Escuchar la contundencia de los argumentos y la naturalidad con la que detectó que era un agravio las balbuceantes palabras de Bruno, me hace confirmar que no lo estoy haciendo tan mal como madre.

Nos abrazamos muy fuerte tratando de curar ese malestar que había vivido porque Bruno, dos años menor que ella apenas pudiendo decir su nombre, con firmeza había intentado ridiculizarla por las amigas de su mamá que también son de ella.

¿Qué hacemos?

Parir es una revolución, al menos para quienes elegimos conscientemente la maternidad como continuidad de las defensa de los derechos y forma de vida.

Educar desde el amor y el respeto, de la valoración de la libertad, es acompañar procesos de aprendizaje desde lo político: no callar, no evadir, escuchar, analizar, dimensionar, cuestionar, detener y rechazar cualquier intento de burla o aminorar las otredades y proponer para resolver.

Dicho así suena tan simple como cuando nos despiertan inspiración siendo bebés al estar descubriendo el mundo paso a paso. Pero no.

Lo que va haciendo la niñez es extender los miedos, dogmas o afirmaciones de los adultos, sin analizar ni poder cuestionarlos.

Nunca le dije a Ollin que debía defendernos «si te dicen que son hombres debes decir…» jamás ha sido parte de nuestra conversación. Ella sabe qué es queer, qué es vivir sin imposiciones. Simple y un reto a la vez.

Claro que se ha cuestionado ¿Yo qué soy? y es lo que siente en este momento que es, no busco confundirla, la escucho para que cuando transite a otra etapa corporal, sepa más quién es o desea ser.

A Bruno, por el contrario, parece que le dijo el padre «adulto» que esos eran hombres vestidos de mujer o no tengo idea qué le planteó a un niño de 4 años para confrontrar así a su amiga; ¿le habrá prohibido seguir en la resbaladilla y la diversión porque ahí estaban unos «hombres»? Jamás lo sabremos.

El papá de Bruno le faltó el respeto a su hijo, a la amiga de juego y al contexto. Cree que aleccionó a su hijo sobre “algo” que cada vez irá viendo más y más y más en su vida: libertad y disidencia sexual.

Lejos de perturbarse por ver a un hombre envuelto en un sarape defecando al aire libre o una pareja comiéndose -literalmente- a besos donde jugaba su hijo, eligió usar su miedo y su odio para romper la relación entre pares establecida desde el juego.

¿O por qué un niño de 4 años envuelto en la diversión del sube-baja iba a pensar cómo hacer sentir mal a su amiga aseverando que esos, eran hombres y no mujeres?

Los adultos forman, generan espacios de aprendizaje amoroso y armónico, o destruyen antes de construir sanas convivencias a partir de la diversidad e identidades elegidas.

No vivimos en Suiza

En México se cometieron al menos 32 transfeminicidios en el año 2021, conforme a los datos del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBT+. En una década se suman 283 casos en las fiscalías del país.

De un muestreo de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica del INEGI en 2020, en la pregunta ¿Cómo se identifica usted? con las opciones de respuesta: hombre, mujer, mujer trans, hombre trans, otra, prefiero no responder y no entendí, me atrapa la atención que son más casos -105- que respondieron «no entendí», sobre los 62 que sí respondieron concretamente mujer trans u hombre trans.

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Esto a mí me provoca la sensación de que seguimos muy pero muy lejos de que la visibilzación trans que hacen políticas hasta ocupar curules en el Congreso de la Unión o activismos gubernamentales, sea insuficiente.

Desde luego es de reconocer la labor de décadas, al menos en Jalisco, de organizaciones y personas como Paty Betancour a favor de la defensa y promoción de las personas transgénero, transexual, travesti.

Pero en dos décadas se acumulan 28 víctimas de ataque con ácido a mujeres trans, según la Fundación Carmen Sánchez.

En el México de cien mil desaparecidos, el baile de las cifras podrá parecer poco, pero no quiero imaginar a Bruno siendo adulto cuando se le acumule la fobia sobre la libertad sexual de alguien por las lecciones de su padre, hasta convertirse en el próximo atacante con ácido.

Las feministas en climas de odio nunca perdemos

¿Qué hacen cuando les dicen eso en la calle? preguntó una de las amigas en el grupo de PodTrans, después de contarles lo que había pasado, y ahí inició otro tema de conversación muy interesante entre nosotras.

Por eso nosotras no perdemos. Nunca. Frente al odio, en armonía, confusión, quizá un poco de enredo y miedo sobre que en el parque Rojo reaparezcan los discursos de odio, armamos una modelo de convivencia respetuosa, juguetona, exploratoria y honesta, para no estar solas.

Se nos abrió un nuevo capítulo que regresa al origen de la serie de periodismo sonoro: capítulos explicativos para la niñez, para las juventudes, e instrumento político para la audiencia formada pero desde la visibilidad trans de a pie; la que viaja en camión, trabaja en fábricas, se abre camino en el arte sin hacer mucha bulla.

¡Espérenlo!

Foto: Especial/Redes sociales. Fecha de publicación: 23 de mayo 2022.

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Jade Ramírez
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Radialista y reportera desde la adolescencia. Cubro la agenda social con perspectiva de derechos humanos, la fuente cultural me forjó en la etnografía. Han caído premios en la Bienal Internacional de Radio, premios estatales, nacionales e internacionales, pero lo que más me motiva es hacer ruido con el periodismo sonoro. Soy parte de la Red de Periodistas de a Pie.

Radialista y reportera desde la adolescencia. Cubro la agenda social con perspectiva de derechos humanos, la fuente cultural me forjó en la etnografía. Han caído premios en la Bienal Internacional de Radio, premios estatales, nacionales e internacionales, pero lo que más me motiva es hacer ruido con el periodismo sonoro. Soy parte de la Red de Periodistas de a Pie.

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