La nueva normalidad escolar significa pasar hasta 12 horas frente a la computadora

Algunos jóvenes de preparatorias y universidades privadas ya volvieron a clases pero no a sus escuelas. Con horarios desfasados, con afectaciones emocionales y sin certeza de lo que viene, esperan que el ciclo completo no suceda frente a su computadora

Texto: Vania Pigeonutt
Foto:  Daniela Pastrana

Ciudad de México.- Andrea, María, Vania y Robi tuvieron un primer inicio de semestre atípico. Con más de 12 horas al día frente a una pantalla. En sus clases vieron cómo la mayoría de sus maestros no están capacitados para tener sesiones de Zoom de siete a tres de la tarde. Varios tuvieron problemas con la tecnología: en modular audios, que se vieran sus caras, corroborar que todos estuvieran conectados. Cada clase tardaba en empezar mínimo 10 minutos. Al final de la jornada, no recuerdan nada del contenido de algunas sesiones.

Las cuatro son estudiantes de tercer semestre, segundo año de preparatoria. Iniciaron esta semana sus clases con horarios de sueño desfasados, con complicaciones de concentración, porque en sus casas lo mismo puede interrumpirlas el perro que su mamá. Las chicas también se cuestionan la cantidad de dinero que sus papás tienen que pagar por su educación en un instituto privado, cuando no tendrán acceso a los laboratorios de química y anatomía; a las canchas para hacer deporte. No quieren ser pesimistas: pero otro año así, no lo soportarían.

Andrea, 16 años, dice que sí se siente mucho la diferencia entre este esquema y las clases presenciales. Confiesa que durante los últimos cuatro meses de pandemia por la covid-19, en los que ha tenido la posibilidad de permanecer en su casa, ella y varios compañeros y compañeras tenían el horario de sueño muy desfasado.

Pone un ejemplo. De domingo para lunes, previo a su primer día de clases, durmió tres horas.

“Estuve todo el día súper muerta. De hecho en una clase no me conecté porque me quedé dormida. Todo es en línea. Básicamente nos mandaron un correo con materias, con horario. Cada materia tiene un código de classroom.  Nos ponían para meternos al Zoom y por videollamadas, luego se pierde esa comunicación”, narra.

La entrevista es por la tarde, alrededor de las 19:00. Para ese tiempo Andrea ya se siente cansada, porque no es lo mismo sólo haber terminado un semestre en línea, luego de que a partir del 23 de marzo se decretara de manera formal la Jornada Nacional de Sana Distancia, a éste que lo inician completamente en por internet.

“Eso me puso muy nerviosa. Yo estoy acostumbrada a moverme mucho y soy una persona hiperactiva. El hecho de estar sentada, no me puedo mover, me puso como ansiosa. Igual, como tenemos un horario, las videollamadas terminan a cierta hora. Hay un receso de 30 minutos y otro de 20. Hablamos entre nosotros por WhatsApp y nada más”, explica.

Deserción escolar

Andrea cuenta que algunos de sus compañeros se salieron de la escuela y otros no saben si se van a regresar. Al menos el primer día faltaron muchas personas.

“Sí hemos platicado de cómo nos sentimos, a veces. En general hemos sentido todo tipo de emociones, más ahorita en la adolescencia, pero en general estamos bien. A veces todo es como desespero, esa inquietud de no saber qué va a pasar, que quiero salir, ya no me importa nada. Es muy frustrante. Teníamos planes, ciertas expectativas y no se pudieron. Da tristeza, inquietud, pero yo estoy más relajada porque me da más tiempo de hacer más cosas para mí”, comparte.

Andrea siente que con la covid-19 puso más atención en la fragilidad de las personas: “te das cuenta de que no tienes el control de las cosas. En cualquier momento nos desmoronamos. Fallos que nos van a caer pronto. He cambiado mucho mi mentalidad en cuanto a disfrutar las cosas. Valoro un poco más”.

Dice que por ahora no tiene planes. Trata de adaptarse a sus nuevas clases, a no tener compañeros físicamente, a no charlar con sus amigas. En su colegio, hay dos materias nuevas: Educación para la salud y Yoga. Espera que la frustración por el encierro haga pensar a todos cosas mejores, porque en estos días han visto sus mejores y peores versiones. La frustración hace eso. El no futuro. Ya dependerá de cada quien, está segura.

“No deberíamos tener clases, deberíamos de saltarnos al próximo año y así empezamos el siguiente año. Pero eso no va a pasar, sólo quiero que vayamos agarrando la onda, que nos metamos en el chip de que esto será así durante mucho tiempo… Que nos traten como individuos, la SEP (en este caso se trata de la UNAM, a la que están incorporadas las escuelas que comenzaron las clases) debería hacer cosas hasta que te sientas bien”, critica.

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