Hidalgo con h de huachicol

Si en 2018 hubo más tomas clandestinas que en los 17 años anteriores, en 2019 crecieron otro 92 por ciento, hasta crear una economía subterránea que salpica casi tanto como el ducto cuando se agujera

Por: Áxel Chávez

Hidalgo.- El huachicol es una red en movimiento, de vinculación social, conformada por muchos capos, muchos dos, muchos sicarios, muchos halcones: hijos de la pobreza picando tuberías, extrayendo el crudo hacia los bidones. El cártel de Santa Rosa de Lima puso a Guanajuato en el escenario del crimen organizado. Hidalgo va en esa ruta, aunque todavía no hay un grupo único, las células locales se pelean la zona y los puntos de extracción, dejando detrás un reguero de sangre y muerte. 

Halcón vigila la carretera, los accesos que llevan a los maizales crecidos entre los ductos.

Halcón mira una bota de policía y el Dos le dice a Morro que jale la manguera. Que la arrastre hasta donde da el torton. Que tenga cuidado con la fuerza porque está escuálido y, como esta se sacude cual serpiente, no le vaya a ganar la fuerza cuando escupa el combustible.

Rostro de niño con vellos dispersos en la barbilla, Halcón es menor, pero más grande que Morro. En la cadena criminal está el Dos o el Segundo y luego el Capo. Hay muchos capos, muchos dos, muchos sicarios, muchos halcones: hijos de la pobreza, metal caliente que se funde en la hoguera de la ordeña, muchos morros, morrillos, picando las tuberías, extrayendo el crudo hacia los bidones.

Morro, según la RAE, es también esa parte más o menos saliente de la cara de algunos animales, en que están la nariz y la boca. El hocico, pues. Las fauces de una fiera que en su hambre le hinca los dientes a las tuberías que transportan la savia negra de esta tierra: el huachicol.

Halcón observa sujetos armados con R15 que portan cubrebocas, pero también, al fondo, ve policías estatales y municipales de Tlaxcoapan, cuyas sombras se mezclan entre los ductos. Están juntos. No hay lugar más seguro para delinquir. 

Tlaxcoapan está al sur de Hidalgo, dentro de la región geográfica del Valle del Mezquital, cercano a los linderos con el Estado de México. Estados, los dos, en donde el Revolucionario Institucional mantiene su último bastión.

Pegadito está Tlahuelilpan, ese lugar en donde la lumbre corrió por la canaleta de San Primitivo, cuando el componente MTB, un aditivo para gasolinas, estalló con personas que tenían las piernas dentro del riachuelo de combustóleo, y alcanzó a los que extraían crudo de la periferia. Quedaron huesos dispersos, fragmentos de cráneos, trozos de piel chamuscada, adheridos a lo que fue cuerpo. 139 muertos. Fue la noche del 18 de enero de 2019. 

Halcón y Morro hunden sus pasos en un charco de lodo que se hizo por la tierra mojada con el crudo. Morro empuña el teco, una herramienta hechiza con la que hacen la perforación. Es un cilindro que tiene adentro una broca y unos empaques. A los lados trae tuercas soldadas. 

Mientras gira, el teco aprieta las tuercas conforme baja la broca, con eso logran que el ducto no haga chispa. Morro, piquetero, está al pie del tubo abriendo la válvula. 

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