En Nativitas ya no se oye ladrar a los perros

Está crónica fue escrita y publicada en 2011 en un periódico que hoy ya no existe. Mario Marín Torres ya había entregado el estado a Rafael Moreno Valle y empezaba a desaparecer de la vida política. Estaba todavía muy lejos el momento en que agentes de la Fiscalía General de la República le pusieran esposas y lo llevaran de Acapulco a Cancún para presentarlo ante un juez en condiciones muy, muy diferentes a las que pasó la periodista Lydia Cacho cuando la llevaron de Cancún a Puebla para presentarla ante un juez

Por Lado B @ladobemx

Mely Arellano y Ernesto Aroche

Al llegar se siente la ausencia. No hay ruido ni gente. Tal como lo han contado los periodistas que han hecho pie en Nativitas Cuautempan, el pueblo en el que nació y creció el exgobernador Mario Marín: no hay más que polvo, viento y perros que no ladran en medio de una escenografía que exuda recursos públicos.

Nativitas Cuautempan no es Comala, pero estar ahí es meterse en un sueño de Rulfo con calles adoquinadas y en technicolor. Eso sí: Mario Marín no es Pedro Páramo. Y sin embargo, su figura y su pueblo, como los del personaje, también podrían estar desapareciendo.  

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