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Migrantes artesanas ante la pandemia: las que lo pierden todo

mazahua protesta

Reportera, egresada de la licenciatura en Periodismo del Centro Universitario del Sur (CUSur), apasionada por la verdad, justicia, periodismo para la paz y la esperanza, amante de las historias de vida, las tradiciones y las artesanías. Periodista y fundadora de El Suspicaz.

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Nahuas, otomíes, mazahuas, wixárrikas, miles de mujeres que emigraron a Guadalajara para trabajar vendiendo artesanías en comercio ambulante, tienen prohibido por el gobierno, salir a las calles pues su actividad no es esencial, en medio de la pandemia por covid-19. Se fugan sus ahorros, no tienen respuesta gubernamental y hasta maestras en casa, es el nuevo panorama de las mujeres encargadas de familias.

Migrantes ante la pandemia: Las que lo están perdiendo todo

La Zona Metropolitana de Guadalajara alberga a alrededor de 200 mil inmigrantes Indígenas de diferentes etnias que normalmente viven de las artesanías que las mujeres jefas de familia elaboran y venden por las calles, cruceros y plazas.

En entrevista para Perimetral, mujeres de las culturas Mazahua, Mixteca, Otomí y Nahua, mencionaron que regularmente producen sus piezas de lunes a viernes en sus casas y los fines de semana es cuando salen a venderlas, hay quienes al día ganan de 200 a 300 pesos, hay a quienes les va mejor y ganan de entre 3 mil a 5 mil pesos.

En temporada de aislamiento por la pandemia del Covid-19, estas mujeres que llevan el sustento a sus familias y viven al día, padecen la invisibilidad de las autoridades, la desigualdad y la falta de acceso a tecnologías de la información.

Azucena Reyna Rodríguez de la cultura Nahua, vive en el centro de San Pedro Tlaquepaque, es mamá soltera de 3 niños, no saber leer y escribir bien le ha impedido solicitar apoyos gubernamentales, ha gastado sus ahorros durante este mes que tiene sin trabajar, y aún no sabe como saldrá adelante los próximos días de aislamiento, quiere pedir un préstamo, pero teme endeudarse y no poder pagar.

“Tengo un mes sin trabajar, ya debo dos meses de renta, le estoy pidiendo que me espere, pero dicen que esos no son sus problemas más que nada. Mañana o pasado ya me voy a quedar en ceros, lo poquito que tengo nada más compre un kilo de frijoles, lo que estamos comiendo son puros frijoles diario”.

Por si eso fuera poco, en este mes ha recibido una sola despensa como apoyo por parte del DIF, los alimentos estaban caducados, lo que enfermó a sus 3 hijos y al no contar con servicios de salud gratuitos, gastó sus ahorros en médico particular.

“Lo poquito que tenía ahorrado ya me los acabé, porque mis hijos se me enfermaron los 3. Lo que pasa es que hace 15 días yo recibí una despensa, el atún ya estaba echado a perder de hecho ese fue el motivo que yo le di a mi hijo el atún y a los 3 días le empezó a doler la pansa, fui y lo llevé al doctor”.

Azucena, no es la única que encuentra en esa situación, sino todas las mujeres Indígenas que no pueden salir a exposiciones, ni ferias para vender sus artesanías. Cristina Apolonia Martínez Hernández, de la cultura Mazahua es la presidenta de la Red Promotora de los Derechos de Las Mujeres Indígenas en Jalisco, ella nos cuenta que ahorran muy poco de sus ventas, pues saben que hay meses buenos y malos de venta y la mayor parte de sus ganancias la invierten en mercancía para seguir produciendo en los meses que no les va bien.

“mira en estos días lo poquito que ahorramos, lo estamos gastando, pero ya esta semana que viene le decía a mi esposo; esta semana se nos acaba nuestro ahorrito, ya no tenemos, cómo vamos a hacer si va a seguir esto y no sabemos ni cuando y la verdad si la estamos viendo negra en esta semana que viene”

No solo se están quedando sin dinero, sin alimentos, sin ayuda, sin servicios médicos y sin la posibilidad de generar ingresos, sino también los hijos de estas mujeres pueden perder el año escolar, pues dada la suspensión de clases requieren de material y trabajo en línea, cuando algunos padres de familia no saben leer ni escribir, mucho menos tienen acceso a internet, el caso que vive Juana Facundo Rodríguez de la cultura otomí.

“Pues yo gracias a dios tengo nada más una niña, la tengo en sexto de primaria, estaba en tiempo de exámenes, le han dejado mucha tarea, le están pidiendo material vía con la tecnología, impresiones, investigaciones y muchos no contamos con internet ni computadoras en casa o materiales para algunos experimentos de algunas tareas que les están dejando y pues la verdad ya no contamos con recursos”

Ante estas circunstancias, piden a las autoridades conciencia sobre las dificultades a las que se están enfrentando durante la cuarentena y diseñar programas de apoyo especialmente dirigidas a esta población que ha sido la más afectada por la suspensión de labores. Así mismo Juana Facundo exige a los gobernantes que no solo se acuerden de las comunidades indígenas en las campañas y a la hora de la recaudación sino también a la hora de garantizar sus derechos humanos.

“Que voltee el gobierno, aquí estamos, cuando él necesita de nosotros aquí estamos le damos nuestro voto que él pide, nosotros pagamos nuestros impuestos se quedan aquí, no se van a ningún otro lado, nosotros aquí vivimos, entonces ya no somos tan migrantes como nos hace ver porque nuestros hijos ya son nativos de aquí , porqué les dicen migrantes cuando ya son de aquí, nada más por los rasgos de su lengua o de su vestimenta, pues creo que no. A nosotros nada se nos da gratis, el servicio de agua potable, luz eléctrica, no es gratuito para nosotros también nosotros pagamos, entonces que tome en cuenta el gobernador que tenemos los mismos derechos que la sociedad del estado”

Todas estas mujeres pertenecen a diferentes organizaciones o colectivos, están unidas en estos tiempos de crisis y aunque han solicitado mediante oficio diferentes tipos de apoyo, por alguna razón desconfían en que tendrán una respuesta favorable de las instancias gubernamentales, sin embargo, eso no les quita la esperanza ni la fortaleza, como lo dice Cristina Apolonia, seguirán organizadas y se harán escuchar.

“Si no vemos ayuda, si no nos van a  ayudar, nos vamos a organizar como compañeras indígenas y nos vamos a manifestar, ir a salir a las calles, con mucho dolor de la enfermedad que anda, pero si no nos echan la mano si vamos a salir porque de verdad que les vamos a dar a los hijos, a los nietos, uno de grande puede aguantar dos o tres días de hambre, pero los niños no”

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