Macron busca aniquilar el sistema social francés

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Macron busca aniquilar el sistema social francés

Por: Adrien Ferrucci. Foto: DW y Liberation. Publicación: 23/01/2023

Después de la destrucción progresiva del hospital público, de la escuela pública y del seguro de desempleo, el gobierno de Macron quiere destruir el sistema de pensiones francés.

Los ciudadanos no tienen intención de dejar que esto ocurra.

El ejemplar sistema de pensiones francés

En Francia, tras la Segunda Guerra Mundial, se tomó una decisión fundamental para la sociedad, la de un sistema de pensiones por repartición: deducir cotizaciones sociales del trabajo de las personas activas para financiar el tiempo liberado del empleo de las personas mayores, a diferencia de un sistema por capitalización (EEUU), donde cada trabajador ahorra una parte de su salario por medio de fondos de pensiones del que se beneficiará al jubilarse.

Este segundo sistema crea, evidentemente, desigualdades sociales flagrantes y a menudo graves, ya que a las personas más pobres les resultará muy difícil o totalmente imposible reservar fondos suficientes para asegurarse una vida digna cuando sus cuerpos ya no puedan trabajar.

En Francia, actualmente, se benefician de un sistema solidario, seguro y eficiente, ya que los jubilados se encuentran entre los que tienen el nivel de vida más alto del mundo.

Todo esto suena muy bien, pero el gobierno francés ha decidido que este dinero podría utilizarse mejor en otras actividades y quiere complicar las condiciones para obtener estas pensiones.

Una reforma injusta

«Si queremos preservar el sistema de pensiones por repartición, al que nuestros conciudadanos están apegados, tendremos que trabajar progresivamente un poco más» explicó Elisabeth Borne, la Primera Ministra, en La Tribune el 22 de mayo de 2022.

El debate se desencadenó de inmediato, ya que se trata de un tema delicado en Francia y no ha cesado desde entonces.

El 10 de enero, el proyecto de reforma fue presentado oficialmente, de nuevo por Borne y prevé los siguientes cambios: un aplazamiento de la edad legal de jubilación de 62 a 64 años y una aceleración de la ampliación del periodo mínimo de cotización de 42 a 43 años.

Esto significa que un francés tendrá que trabajar durante al menos 43 años y alcanzar la edad de 64 años para percibir una pensión completa.

La principal injusticia de esta reforma reside en que los ciudadanos más afectados por este retroceso son los más modestos y frágiles, sobre todo los que empezaron a trabajar jóvenes y no estudiaron, así como los que tienen «vacíos» en su carrera, lo que afecta sobre todo a las mujeres.

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A cambio, el gobierno promete que la pensión mínima subirá a 1 mil 200 euros brutos (justo al nivel del umbral de pobreza), 100 euros más que antes, por mes.

Los franceses han recibido este proyecto de reforma con animosidad y, según un sondeo de Harris Interactive publicado el 18 de enero, el 72% de ellos considera injusto el texto y dos tercios apoyan las huelgas previstas para intentar detener al gobierno.

Las justificaciones de la reforma: entre hipérboles y mentiras

¿Pero por qué un rechazo tan masivo cuando los portavoces, ministros y miembros de la mayoría relativa no dejan de repetir que esta reforma es justa e indispensable para preservar nuestro sistema y, por lo tanto, nuestro modelo de sociedad?

¿Serían los franceses tan masoquistas como para empujar a la implosión el sistema que tanto valoran?

Lejos de ello, los franceses simplemente han entendido lo que sucede.

Aunque es difícil ver con claridad en la comunicación del gobierno sobre este tema, ya que los argumentos cambian constantemente, los economistas y expertos han descifrado el proyecto para explicar sus entresijos.

Se demuestra así que todos (o muchos) de los argumentos esgrimidos por los secuaces de Macron son exagerados y, a veces, simplemente falsos.

El primer argumento esgrimido por la Primera Ministra fue el aumento de la esperanza de vida que, mecánica y lógicamente, implicaba un aumento de los años trabajados.

Pero aunque sea cierto que la esperanza de vida aumenta, esta ya era la justificación de la reforma de 2010, que había aumentado la edad de jubilación de 60 a 62 años.

Obviamente, la esperanza de vida no ha aumentado 2 años entre 2010 y ahora, pero sobre todo, la esperanza de vida con buena salud no aumenta, sino que se estanca.

Cuando los contrarios plantean estos hechos, el gobierno responde que, finalmente, no importa cuál sea la esperanza de vida, sino que se deben reformar las pensiones porque están en peligro de colapso, y se posiciona como el salvador del sistema por repartición.

Según el discurso para defender el proyecto de reforma, el déficit del sistema de pensiones seguiría aumentando, representando un gasto cada vez mayor en relación al PIB y el riesgo de ser fatal.

Pero, de nuevo, las patrullas anti fake news han alertado a la opinión pública.

Las contradicciones

El Consejo de Orientación de las Pensiones (COR), organismo gubernamental para hacer proyecciones a largo plazo, en este caso hasta 2070 para anticiparse a la evolución y a los cambios a realizarse, dice exactamente lo contrario.

El COR desde 2018 en sus informes anuales afirma que «la evolución de la parte del gasto en pensiones en el PIB se mantendría en una trayectoria controlada durante el horizonte de proyección (2070)».

Agregó en septiembre de 2022: «de 2032 a 2070 a pesar del envejecimiento progresivo de la población, la parte del gasto en pensiones se mantendrá estable o disminuirá«.

Por lo tanto, el sistema es perenne y no requiere reforma profunda.

Los ministros no son idiotas, conocen estos informes y su contenido y los citan ellos mismos con regularidad.

Sin embargo, su comunicación parece haberse centrado en un periodo en particular, los próximos 10 a 20 años.

Porque el COR menciona un déficit temporal e hipotético de alrededor de 12 mil millones de euros, que podría aumentar ligeramente la deuda francesa durante el periodo pero que podría compensarse fácilmente.

Estamos realmente lejos del «colapso» que se invoca por todas partes.

Redistribuir el gasto social

Fue entonces cuando el propio presidente se sacó de la chistera un nuevo argumento en el canal de televisión BFM TV, el 22 de septiembre de 2022.

Según él, esta reforma es esencial para financiar otros servicios públicos que lo necesitan urgentemente.

Resulta extraña la repentina preocupación por los hospitales, las escuelas y las universidades.

Todos estos servicios públicos han sido las primeras víctimas de la locura destructora del presidente.

Se ha despojado el sistema social, reducido cada vez más los impuestos a las empresas, a los más ricos, sin exigir nunca la menor compensación.

Pero los franceses no se dejan engañar tras casi seis años de Macron.

Se sab que la calidad y la supervivencia de los servicios públicos no son su prioridad, sino todo lo contrario.

La versión oficial sostiene el argumento simple y básico: el déficit del sistema conducirá a su implosión, aunque todos los expertos dicen lo contrario.

Macron, el presidente de los ricos

Uno podría perderse ante tantos cambios de la reforma que ante los ojos de una mayoría, es un capricho más de un «presidente de los ricos«, como lo llama el medioLibération.

Los periodistas hicieron el balance del primer quinquenio de Macron y todos los expertos coinciden en que los más afectados por esta reforma serán las personas más vulnerables.

Por último, en cuanto a la pensión mínima bruta garantizada de 1 mil 200 euros, hay que leer las letras pequeñas del contrato.

Como escribe Mediapart : «Las condiciones establecidas son extremadamente restrictivas: para tener derecho al aumento anunciado, los asalariados afectados deberán justificar a la vez una carrera a tiempo completo en el sector privado y un nivel salarial que nunca haya superado el salario mínimo

Lo que excluye, de facto, a todas las mujeres que han tenido hijos y a todas las personas que han tenido al menos un aumento de salario en su vida o un período sin trabajo.

En realidad, quedan muy pocas personas para beneficiarse del dispositivo que se supone compensa la violencia de la reforma.

Injusticia fiscal

A modo de recordatorio, las supresiones y reducciones fiscales concedidas por los diversos gobiernos de Macron que benefician principalmente a los ciudadanos más ricos y a las grandes empresas, ascienden a 60 mil millones de euros al año.

Entre otras medidas de injusticia fiscal, podemos citar la supresión del Impuesto sobre la riqueza (ISF), un impuesto específico para los ciudadanos más ricos, o la flat tax, que redujo en un 15% la tasa impositiva máxima sobre los rendimientos del capital mobiliario (dividendos, intereses, plusvalías…).

Se suponía que estas dos medidas estimularían la inversión en las empresas.

El resultado: miles de millones de euros anuales perdidos para las finanzas públicas y, según Les Echos, el principal diario económico francés, «ningún impacto en la inversión en las empresas» pero sí «un aumento del pago de dividendos«.

A esto se añaden la baja de la tasa de impuesto de las sociedades (IS), del 33,33% al 25% unos 11 mil millones de euros perdidos y la perennización del crédito de impuesto para la competitividad de las empresas (CICE), una reducción de las cotizaciones a la seguridad social, patronales exclusivamente, con un costo de 20 mil millones de euros al año y sin ninguna compensación exigida.

El residente prometió suprimir la Cotización sobre el Valor Añadido de las Empresas (CVAE), un impuesto que sólo pagan las grandes empresas y que aportaba 15 mil millones de euros al año en 2020.

En resumen, agujeros enormes en el presupuesto del Estado que permiten a Emmanuel Macron responder ante los trabajadores, preocupados por el futuro de las pensiones; ante los hospitales y escuelas públicas, al borde del colapso por falta de recursos, el ya famoso «no hay dinero mágico«, con la condescendencia e irrespeto que le conocemos.

¿Cuáles serían las consecuencias si se votara esta reforma?

Más allá de la injusticia del proyecto y los métodos utilizados por el gobierno al defenderlo, es la reforma la que parece carecer de lógica hasta el absurdo económico.

En efecto, la idea del gobierno, al retrasar dos años la edad de jubilación, es hacer que los empleados trabajen dos años más.

Desgraciadamente, Francia se enfrenta desde hace décadas a un desempleo masivo del que son especialmente víctimas las personas mayores.

Según un informe del Ministerio del Trabajo, publicado en abril de 2022, sólo el 35.5% de las personas de 60 a 64 años están empleadas.

Del 64.5% de ellos o están desempleados y perciben una indemnización como consecuencia del régimen público de seguro de desempleo, o reciben el Ingreso de Solidaridad Activa (RSA).

Esto es un subsidio de unos 450 euros al mes para personas en situación de gran dificultad.

Prolongar la edad legal de jubilación significaría prolongar el calvario de la mayoría de las personas mayores.

El ahorro previsto se desperdiciaría, ya que los contribuyentes tendrían que financiar su seguro de desempleo o su mínimo de subsistencia.

El gobierno repite una y otra vez que si se retrasa la jubilación a los 64 años, los mayores trabajarán más tiempo y cotizarán más… sin duda esperan un milagro.

E incluso si se produjera este milagro, prolongar las carreras de las personas mayores significaría retrasar la entrada de los jóvenes en el mercado laboral, ya que habrá menos puestos de trabajo disponibles.

Esto supone consecuencias dramáticas, pues el 17.8% de los jóvenes entre 15 y 24 años también están desempleados.

Los jóvenes, otros afectados

Estas posiciones son bastante sorprendentes porque el propio Emmanuel Macron era consciente, en 2019, de que aumentar la edad de jubilación sería «hipócrita«:

Mientras no hayamos resuelto el problema del desempleo en nuestro país, francamente sería bastante hipócrita desplazar la edad legal.

Hoy en día, cuando uno está poco calificado, cuando uno vive en una región con dificultades industriales, cuando uno mismo tiene dificultades, cuando uno tiene una carrera fracturada, buena suerte para lograr trabajar hasta los 62 años. Esta es la realidad de nuestro país».

Emmanuel Macron

Una realidad que desgraciadamente no ha cambiado mucho ya que, como se ha escrito anteriormente, casi dos tercios de la población activa mayor de 60 años está desempleada.

Una vez más, el Sr. Macron es capaz de decir todo y su contrario cuando se trata de defender sus caprichos.

Cabe recordar que a los 62 años, la edad de jubilación actual, el 25% de los franceses más pobres ya han fallecido, por lo tanto, no tienen acceso a la jubilación según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE).

Del lado de los más ricos, solo el 5% muere antes de los 62 años.

La respuesta de los franceses y de los sindicatos

Un acontecimiento inusual es que los sindicatos franceses están todos unidos en esta lucha, desde los más radicales hasta los más reformistas, todos rechazan el proyecto de reforma.

Se organizaron en una jornada de huelga el jueves 19 de enero 2023.

Su llamado fue escuchado y 1.2 millones de personas marcharon por las calles, según el Ministerio del Interior; más de 2 millones, según los sindicatos.

Bajo a misma consigna: Macron busca aniquilar el sistema social francés.

Paris 19 janvier 2023 manifestation retraites Paris. Stephane Lagoutte/Liberation

Tal movilización es muy poco frecuente, incluso en Francia.

La razón por la que la gente se manifestó fue porque esta reforma sería muy injusta, pero no sólo eso.

Si el gobierno quiere realmente encontrar una solución al hipotético déficit de 12 mil millones de euros del sistema de pensiones, ciudadanos y economistas tienen muchas soluciones más justas y coherentes que el proyecto del gobierno.

Aumentar los salarios o aplicar la igualdad salarial entre hombres y mujeres; detener la purga de funcionarios, aumentar ligeramente las cotizaciones o gravar el ahorro de los asalariados.

O quizá poner a cotizar a las empresas, a los propios jubilados, disminuir las reducciones de cotizaciones sobre los salarios más elevados.

También reducir los recortes fiscales a las empresas en aumento con Macron: en 2019 fueron 157 mil millones de euros anuales.

Macron busca aniquilar el sistema social francés

En concreto, este proyecto de reforma es humanamente injusto y económicamente absurdo.

Se busca aumentar la edad de jubilación, el objetivo es hacer casi imposible que los trabajadores cumplan los requisitos para una pensión completa.

Sumiría a millones de ancianos en la precariedad y obligaría a la población activa, preocupada, a recurrir a las pensiones por capitalización privada.

Y ahí radica el porqué de la reforma: el sistema de pensiones francés mueve más de 300,000 millones de euros al año.

A muchos les gustaría apoderarse de este enorme tesoro, los fondos de pensiones por ejemplo, y Emmanuel Macron intenta regalárselos en bandeja de plata.

Una nueva movilización ciudadana y sindical está programada para el 31 de enero.

Después de seis años del gobierno de Emmanuel Macron, los resultdos son una destrucción masiva del sistema social francés, pero los galos parecen dispuestos a luchar para detener esta catástrofe.

**El autor está disponible para que le contactes con servicios de traducción y escritura en adrien.ferrucci@gmail.com

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Adrien Ferrucci

Periodista independiente y traductor francés. Apasionado por la política, la geopolítica y la economía, trato humildemente de alertar a los ciudadanos del mundo sobre las injusticias y la corrupción en todas sus formas.

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