Sepultar, la herencia familiar que el covid cambió

Periodista freelance radicada en Jalisco.

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Foto: Duilio Rodríguez / Pie de Página

Enrique ha dedicado más de la mitad de su vida a sepultar personas. Su adolescencia transitó entre tumbas marcadas por la huella del tiempo y el registro de cada movimiento de su padre y su abuelo para aprender sobre el manejo de los cuerpos. El oficio corre por sus venas, la experiencia la heredó de sus antepasados que juntos suman 100 años dedicados a sepultar personas en el Panteón de Mezquitán.

“Nosotros ya sabemos a qué nos vamos a dedicar, cuando lo vamos a realizar y de qué manera. Este oficio se transmite por medio de nuestros abuelo y padres, nos enseñan por medio de la experiencia. Si los juntamos son 100 años de experiencia, ahora sí que en mi familia somos especialistas en el área, nadie más lo hace como nosotros, aparte es un trabajo que nos gusta, no sé si ya es que se trae en la sangre o nos llama, pero nos gusta el trabajo”.

Hasta hace tres meses, al cementerio con más de 120 años de antigüedad llegaban familias completas acompañadas de mariachis para dar el último adiós a su difunto además de visitantes atraídos por las leyendas que alberga el segundo cementerio más viejo de Guadalajara; esos tiempos se fueron.  

Bajo la sombra de un árbol, afuera del Panteón de Mezquitán, por primera vez en su historia cerrado al público como medida sanitaria frente a la pandemia de la Covid-19, Enrique relata cómo el coronavirus cambio desde su rutina para dar sepultura hasta el ritual de despedida a los difuntos.

“Llegó hace más o menos un mes un caso de Covid, llegó sola la caja, no llegó ningún familiar, solo el féretro; uno está acostumbrado a ver a veces música, muchos familiares, muchas flores y ahora llega la caja sola. Ha cambiado completamente todo, es primera vez que se cierra el cementerio, es algo incomprensible porque nunca en su historia había pasado, ahora solamente se permite el ingreso máximo 10 personas y todos separados. Es extraño, es parte de nuestra vida y nos tomó por sorpresa, los más grandes preguntan y preguntan ¿cuándo se van a abrir los cementerios?”.

Los 25 sepultureros más jóvenes, de máximo 40 años y sin enfermedades crónicas, continúan trabajando en el cementerio en su horario habitual, el resto fue enviado a confinamiento por ser población de riesgo; sin embargo, pese a las medidas que toman y el uso de equipo de seguridad que se colocan 15 minutos antes de que arribe el servicio fúnebre, el miedo está presente.

“Traemos cubrebocas, guantes, traje especial, mascarillas, gogles, pero aun así traigas cubrebocas, traigas todo lo que nos proporcionan para sepultar con todas las medidas de seguridad, tenemos miedo los compañeros, tenemos mucho miedo pero alguien tiene que hacer el trabajo. No es el mismo miedo, siempre hemos sepultado a personas con todo tipo de enfermedades, ahora esto es nuevo para nosotros por las medidas que estamos tomando y que se han estado tomando. No sabemos que tan riesgoso sea para nosotros en este trabajo porque son guantes de látex los que nos dan pero manejamos material concreto, ladrillo, y corremos el riesgo de que se rompa un guante y ahí es donde pensamos qué más podemos hacer”.

“También tienen que realizar su trabajo bien los de la funeraria, una cosa es el trabajo de funeraria que está en calle y otra cosa en cuanto entra al cementerio, entonces la funeraria creo yo que tiene que sanitizar lo que es la caja antes de ingresar al cementerio o antes de que llegué a la capilla de velación. Depende mucho del trabajo de afuera, desde que sale el cuerpo del hospital hasta que se sepulta es un protocolo desde un inicio hasta un final”.

Enrique y sus compañeros han tenido que comprar parte del equipo de seguridad que cambian con cada servicio por posible covid y aunque hasta mayo no habían sido muchos en el Panteón de Mezquitán, 700 fosas fueron cavadas para dar sepultura a las personas fallecidas por coronavirus.

“Nosotros hemos comprado nuestros propios gogles, caretas, trajes, guantes, todo, porque si nos esperamos a que nos den, pues no, ya estuviera el contagiadero, nosotros mismos nos cuidamos. Nos han llegado sospechosos de Covid, pero hasta el momento hay confusión porque dicen que los van a cremar, otros que se van a sepultar, hicieron una parte nueva de fosas en el cementerio donde van a sepultarse los de Covid y no se ha utilizado ni una fosa hasta el momento. Hay gente que tiene su propiedad y en lugar de sepultar en el espacio destinado a Covid sepultan en su propiedad. Al final, el trabajo se hace y el espacio queda totalmente sellado”.

Sin conocer el número de personas cremadas o sepultadas en el cementerio y cómo si aún no alcanzara a entender el impacto de la pandemia, Enrique asegura que está listo para la etapa más difícil, para la que les han pedido estar preparados.

“Ha habido más sepulturas que cremaciones, pero también en los cementerios privados llevan su propio conteo, yo no sé si el gobierno sabe en realidad cuántos hay de Covid, cuántos no hay de Covid, cuántos han cremado, cuántos no han cremado. Para nosotros nos han dicho que viene una etapa fuerte, pero estamos acostumbrados a sepultar 5 o 10 cuerpos por días, entonces estamos listos, sean 3, 4, 5, 6 cuerpos, estamos listos”.

Los 100 años que acumula la familia de Enrique dedicándose al oficio de sepulturero, no sólo les ha dado experiencia sino que les ha hecho amar el oficio, respetarlo y colocarlo en el mismo nivel de importancia de otras profesiones.  

“Es un trabajo muy noble, muy satisfactorio que alguien lo tiene que hacer. Es cómo el de los médicos pero del lado de cuando el paciente pasa a mejor vida y alguien lo tiene que realizar”.

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