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Laboratorio Sensorial Pieza: Oratorio II

El Laboratorio Sensorial ha sido desde sus inicios un entorno cambiante propuesto por el arquitecto Andrés Aguilar. Como espacio físico, ubicado en el barrio de Santa Tere en Guadalajara, se destaca por ser un espacio único en la ciudad. La infraestructura sonora con la que cuenta el espacio ha sido la cuna y el escenario perfecto para el desarrollo de proyectos de experimentación sonora.

Selección mensual del proyecto Laboratorio Sensorial

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Más allá, los migrantes venían del ‘Norte’. ¿De Nuevo México, de Chicomostoc, de Aztlán, de Mexcaltitán? Gente de paso corto, llegaron lejos, se cree hasta Nicaragua (palabra Náhuatl que quiere decir: Hasta aquí llega el Anáhuac, sic). Algunos a su paso por estos pueblos dejaron como arena dispersa sus vestigios en la orilla de Juanacatlán, y en el Río Grande de Tololotlán, que por desgracia su existencia se encuentra casi muerta. Peregrinaron por esos caminos antiguos de a pie, caminos que estuvieron llenos de comunidades: de insectos, de árboles, de piedras, de aves. Estos caminos que fueron moldeados por la geografía entre los cerros y el río no los conocemos, nos son ajenos. Si pudiéramos andarlos nosotros nos sentiríamos inseguros. Igualmente, si pudieran caminar ellos, los antiguos que ya habitan el silencio, que ya se fueron al “chicalotal”, por estas carreteras en construcción de asfalto y cemento, sentadas sobre los viejos caminos idos…se aterrorizarían.


Pues bien, actualmente en estas tierras y en lo que tienen encima en estos pueblos benditos, está construyendo la empresa Ideal del Grupo Carso, carreteras de gran calado, con sus respectivos macro túneles, sus muros de contención y grandes puentes. Carreteras históricamente inauditas, sentadas sobre clavos que se convierten en ataúdes de los árboles como los encinos, robles, palos colorados y cazahuates. De hierbas medicinales, como el cedrón, la cirguelilla, la grama china, la cancerina, el árnica y el gordolobo; destruyen los corredores biológicos, ponen en cautiverio a la fauna humana y a la fauna silvestre.


Las nuevas carreteras proporcionan un transporte segregado para los habitantes de los pueblos, desalojan a los seres vivos de su geografía histórica, eliminan completamente del paisaje las huellas ancestrales. Al establecer conexiones entre puntos distantes amputan los antiguos vínculos locales, la conexión entre la memoria histórica, el bosque y el territorio. Promueven y garantizan una cómoda continuidad territorial, la continuidad geográfica de las ciudades. Trasplantan los problemas urbanos a las periferias con poca o nula consideración al territorio.
Las nuevas carreteras se presentan como planes de desarrollo. Muchos se sienten orgullosos de que cruce por la zona, acostumbrados a las soluciones de transportación que devoran la naturaleza, los constructores, algunas personas y el gobierno, ven chiquito todo lo que no sea cemento y asfalto, como a los pobladores, los bosques y las fieras salvajes.

Este colonialismo fragmenta, con poca consideración a la geografía, a los corredores biológicos, a esas fronteras invisibles de los últimos, como son los árboles, los animales y lo que de ellos depende. El bosque entero ya casi a punto de ser leña, será presa de las inmobiliarias, de los fraccionadores, se construirán casas “sustentables”, dentro de poco nos veremos nuestras caras en un espejo de agua…ajeno.


Los 111 kilómetros de longitud de la obra, las inversiones multimillonarias, se presentan respetuosas del medio ambiente: “Un solo nido de aves con huevos o polluelos sería suficiente para acordonar el área hasta que sea abandonado de manera natural” (el tema, Milenio).
“Dará fluidez al tránsito vehicular de la ciudad, principalmente al tráfico pesado, librando de la carga vehicular al Periférico y la Av. Lázaro Cárdenas, pasará por terrenos ya alterados por la actividad humana, sólo se afectará la selva baja caducifolia, escasas 50 hectáreas de área forestal, creando una barrera para proteger el bosque alto que queda a tiro de piedra de la vía, donde habitan los mamíferos, los venados, las zorras, pumas y coyotes” (Milenio).


Con todas estas bondades se antoja transitar por estas vías “sustentables” pero a esta escalera al cielo no estamos invitados a subirnos: en los pueblos, el escaso 10% de la población tiene vehículos. Además todo esto permite a uno, huérfano de escuela, cuyos bienes inconmensurables disminuyen, obtener ingresos psíquicos y de este modo, las construcciones depredadoras que matan, las aceptamos con alegría.
Este imperialismo “ecológico” genera enormes ganancias económicas, pero también destrozos ambientales que amenazan ser mayores que esas ganancias. La vida continuará como una prueba de nuestra capacidad de adaptación o, siendo menos caritativos, nuestra capacidad de adaptarnos a operar en la ignorancia.

CRÉDITOS:

From Oratorio, released April 2, 2020
Andrés Aguilar: Batería
J. Audirac: Lectura, Platillos
Armando Castro: Motor, Radio de Onda Corta

Enrique Enciso: Texto

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