La búsqueda de un hijo es más fuerte que el coronavirus: padre de uno de los 43

Texto: Amapola Periodismo
Fotografía: Franyeli García

El Pericón, Teconapa, Guerrero.- “No me venció esa maldita enfermedad del coronavirus porque pensé en mi hijo Alexander”, dice Ezequiel Mora Chona, padre de uno de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala hace seis años.

Alexander en enero del 2021 cumple 25 años. Es uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala durante la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre del 2014 y que oficialmente está muerto.

64 días después de la desaparición, con el fragmento de una muela y un pedazo de hueso, localizados en el río de Cocula, la PGR identificó al hijo de Ezequiel Mora.

El hallazgo fue confirmado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) luego de los estudios que realizó la Universidad de Innsbruck, Austria.

Superado el virus, Ezequiel o don Cheque como lo conocen aquí en la comunidad de El Pericón, del municipio de Tecoanapa, está seguro que desde el interior de su ser recibió las vibras para sobreponerse de la Covid-19.

El recuerdo de Alexander a quien le dice “su chocoyote”, porque es el más pequeño de los seis hijos que tuvo con su fallecida esposa Delia, le dio fuerza para vencer esta enfermedad que lo tuvo postrado en cama casi tres meses.

A Ezequiel los recuerdos lo agobian. Su voz casi no se le escucha y dice que a lo mejor esto le sucede por las secuelas que tuvo por el coronavirus.

Respira profundo para agarrar fuerza y saca un hilo de voz: “Yo no estoy conforme con lo que me dijeron el 05 de diciembre (del 2014) de que mi hijo está muerto”.

Señala que en esa fecha le notificaron oficialmente del fallecimiento de su hijo y las autoridades federales de ese entonces le aseguraron que en 15 días le entregarían sus restos.

“Pero ni siquiera me han entregado la muela y el pedazo de hueso”, denunció.

Ezequiel cuenta el caso de don Margarito Guerrero a quien (en septiembre del 2015) las autoridades de la entonces PGR le aseguraron que su hijo Jhosivani Guerrero de la Cruz era otro de los normalistas muertos.

Sin embargo, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) rechazó la identificación de Jhosivani.

Menciona también lo que ha dicho Clemente Rodríguez quien tampoco ha aceptado que su hijo Christian, otro de los normalistas desaparecidos, esté muerto como se le notificó el 05 de julio el Jefe de la Unidad para el Caso Ayotzinapa, Omar Gómez Trejo, y el Subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas.

“Tenemos el derecho de no aceptar lo que te diga cualquier gobierno, en primera porque no nos han entregado los cadáveres o más pruebas”, refiere.

“Yo quiero vivo a mi hijo”, clama.

Durante la plática lo asaltan los recuerdos de los cuatro últimos meses del 2014, principalmente del viernes 05 de diciembre.

A veces desvía la mirada hacia el suelo. En este momento, en El Pericón son las 9 y media de la mañana y el calor ya está en aumento.

Da un respiro y retoma la plática.

Ese día (viernes 05 de diciembre) él venía llegando de Oaxaca cuando alguien de su familia le habló a su teléfono celular.

Era para decirle que tenía que presentarse a la Escuela Normal de Ayotzinapa porque lo estaban buscando y urgía su presencia.

Dice que como pudo consiguió dinero para trasladarse a la Normal, a más de tres horas en vehículo.

Cuando llegó a la escuela ya lo estaban esperando algunos integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense y abogados (del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan). Recibió la noticia.

“Sentí mucho coraje y tristeza”, sintetiza.

Menciona que ahí le dijeron que en dos semanas le entregarían el cadáver de su hijo, cosa que hasta el momento no ha ocurrido.

Era la segunda noticia triste que en las instalaciones de la Normal recibía don Ezequiel en ese 2014.

La primera fue el domingo 28 de septiembre cuando algunos estudiantes le dijeron que su hijo al que le apodaban “La Roca” no llegaba a la escuela y que estaba en una lista de alrededor de 60 jóvenes desaparecidos dos días antes en Iguala.

La lista se fue depurando hasta llegar a 43 luego de que fueron llegando más normalistas a la institución educativa.

Indica que estuvo toda la semana en la Normal esperando que su hijo llegara.

“Me la pasé muy triste en la escuela y varios de mis hijos me acompañaron en esos días “, contó.

En el trayecto cuando se trasladaba a la Normal abrigaba la esperanza de que su hijo ya estuviera en la escuela, pero a la vez iba más preocupado porque desde un día antes (el sábado 27) luego de que le avisaron de que su hijo no aparecía, no contestaba las llamadas en su teléfono celular.

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