Acapulco en tiempos de pandemia

Sus playas y hoteles están sin turistas. La falta de un plan de contingencia económica ahoga a los turisteros

Texto: Margena de la O
Fotografía: Oscar Guerrero

Acapulco, Guerrero.- Adolfo Herrera Hernández es de los primeros en pararse cuando se acercan visitantes a la playa Caleta y ofrece un espacio en los restaurantes frente al mar. Es de los prestadores de servicios turísticos arremolinados en la entrada de la playa, a quienes se les ve poco activos. Con este domingo 22 de marzo suman tres días que jala pocas personas a los negocios, algo inusual en un fin de semana.

La suerte comenzó a desteñírsele desde el viernes, el comienzo del periodo de restricciones institucionales por el coronavirus (Covid-19). El rumbo de su suerte tiene que ver con la poca gente que llega a la playa desde entonces. 

El domingo anterior, a las doce con diez minutos, la hora que en este momento marca el reloj, Caleta estaba lleno. Ese día Acapulco amaneció con 92.7 por ciento de ocupación hotelera –eran días del puente oficial largo –, un 60 por ciento más de la ocupación de este domingo, según las estadísticas oficiales. 

La noche del domingo anterior la Secretaría de Salud confirmó el primer caso de coronavirus en Guerrero: un turista de origen argentino en Acapulco. 

Caleta y Caletilla son las dos playas más populares de Acapulco, y eso se nota cada fin de semana, independiente de puentes o vacaciones, porque es usual que lleguen camiones repletos con turistas chilangos, además de la preferencia de los guerrerenses.

Adolfo acepta de inmediato compartir cómo le va en estos días de evidente ausencia de turismo. Casi todos los prestadores de servicios turísticos consultados hablan, al menor comentario, de su mala racha.

El mesero tiene una evaluación contundente sobre su situación actual: el coronavirus es más potente que la violencia que ha mantenido a Acapulco en las estadísticas más altas de la incidencia delictiva. “La violencia todo mundo la vive, ora sí que de eso no nos espantamos, lo que sí nos está espantando es la sicosis del virus que anda en el aire”, comenta.

En Caleta y Caletilla se han visto las estampas más contrastantes de la violencia. Hay fotografías de la prensa local en Internet de turistas que permanecen en la playa después del asesinato de una persona en el mismo perímetro. 

El mesero hace sus cuentas de las personas que visitan Caleta: entre semana pueden llegar por día entre 200 y 300 personas, pero en fin de semana el número crece de 600 a 900 personas. Esta medición la hace a partir de las sombrillas con mesas colocadas a orilla de la playa y los espacios ocupados en los restaurantes.

Este domingo calcula que unas 100 personas estaban sentadas en las sillas con sombrillas frente a la playa. Es difícil contar a los turistas que llegaron hoy a Caleta, pero sí se observan muchos huecos o espacios desocupados. 

Con los visitantes de hoy en Caleta, es muy complicado que los 1,500 o 2,000 prestadores de servicios turísticos que Adolfo deduce que son en la playa –que van desde los veedores de frutas, quesadillas, quienes renta de sillas y sombrillas, los de la banana y parachute, el vendedor de los recuerdos o fotos, meseros hasta los restaurantes y hoteleros –, saquen ingresos.

Disminuye la presencia de turistas en playas de Acapulco, Guerrero

Anuncio anticipado y sin plan de rescate 

Benjamín Macías Rodríguez, uno de los vendedores de frutas de la playa Caleta, se quejó de la alcaldesa Acapulco, Adela Román Ocampo, por intentar cerrar las plazas comerciales, los cines, los bares y los gimnasios, y por llamar a los turistas y lugareños a no visitar las playas del puerto.

El manguero, como conocen a los vendedores de frutas en esa playa, se refiere a la información que la alcaldesa comentó el 18 de marzo. A través de un video colgado en sus redes sociales mencionó las medidas de su gobierno para evitar una pandemia por el coronavirus. 

Eso le ocasionó el reproche de turisteros formales e informales que, de alguna manera la hicieron retroceder, porque hasta este martes la mayoría de los negocios están abiertos, pero con menos gente. 

Este 24 de marzo las autoridades federales también confirmaron que México pasó a la fase dos de la pandemia por el coronavirus, y con eso se deben evitar actividades con concentraciones de 100 o más personas. En Guerrero la Secretaría de Salud mantiene la confirmación de cinco casos.

Antes de Benjamín, al otro lado de la playa, Adolfo le reprochó a Román Ocampo sus medidas: “si llega la presidenta municipal y dice que va a cerrar playas ¿qué vamos a hacer, entonces?, ¿de qué vamos a trabajar?, ¿de qué vamos a vivir?”.

Ambos prestadores de servicios turísticos coinciden en que no fueron las formas o los métodos de medidas preventivas ante el coronavirus en un estado donde el turismo es la actividad económica predominante, de acuerdo a la información de los gobiernos. 

La derrama económica captada en Acapulco la Semana Santa del 2019 fue de 1,495.4 millones de pesos, de acuerdo a información que publicaron medios de comunicación y que citan como fuente al ayuntamiento de Acapulco. Esa derrama económica se consiguió en la mitad del tiempo que durará el periodo preventivo ante el virus dictado por el gobierno, donde se incluyen las vacaciones de este año.

A la alcaldesa le atribuyen su situación precaria de ingresos en la playa durante estos días. Benjamín, el sábado vendió 350 pesos de sus frutas, cuando saca más de 1,000 pesos por día en fines de semana. Este domingo tampoco le pintaba bien.

Alejandro Martínez Sidney, el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio de Guerrero (Fecanaco), le suma a la responsabilidad de la edil más que el desatino que afecta a comerciantes de las playas. Califica lo que dijo como una declaración errada y poco informada que generó pánico y pronto menos clientela, ventas e ingresos en los negocios. 

Nota una crisis que comienzan a sumergir al sector empresarial y comercial de Acapulco. Calcula que los comerciantes en general iniciaron el mes de restricciones para evitar una pandemia con bajas en un 60 por ciento y, cree, eso puede complicarse con el paso de los días. 

Tenía razón, el lunes 23, Acapulco amaneció con una ocupación hotelera de 14.2 por ciento, dicho en otras palabras, por cada 10 habitaciones sólo 1.5 estaban ocupadas, de acuerdo con la Secretaría de Fomento Turístico en el estado. Con el paso de los días los números siguen en picada.

También le reprocha la manera en que se condujo con los turistas. La alcaldesa visitó el viernes la playa Caleta para supervisar las medidas de prevención ante el coronavirus, según un comunicado oficial del ayuntamiento porteño.

En el contexto circuló un video donde se escucha que la gente comienza a gritar: “¡Fuera!”, “¡Fuera!”. Por comentarios en las redes sociales de habitantes de Acapulco se supo que se lo dijeron a la alcaldesa, pero a través del mismo comunicado el gobierno municipal informaron que un turista de la Ciudad de México interrumpió el diálogo de la alcaldesa con los prestadores de servicio en ese momento. A él le atribuyeron los gritos.

Los prestadores de servicios turísticos de Caleta dijeron este domingo que la alcaldesa también fue grosera con ellos y con el turista durante esa visita. “Cómo cree que le va a gritar al turismo, si nosotros comemos de ahí”, menciona Benjamín.

El empresario Martínez Sidney sabe que el coronavirus es una pandemia complicada ya en otras partes del mundo, y que en México se intentar evitarlo, pero para eso pidió que las autoridades de todos los niveles diseñen un plan de contingencia económica. 

“Lo que nosotros hemos dicho desde que inició esta crisis es que el gobierno tiene que presentar un plan de contingencia que vaya de la mano con los anuncios. Los anuncios se deben hacer en coordinación (tres niveles de gobierno) y obviamente que vaya de la mano con una serie de incentivos fiscales y de apoyo para la población”, sugiere.

Eso también lo sugirieron Adolfo y Benjamín a base de preguntas: “¿De qué vamos a vivir?”, “¿De qué nos vamos a mantener?”.

Poca actividad preocupa a los comerciantes de las playas de Acapulco

Acapulco sin turistas 

En el tramo Chilpancingo-Acapulco por la autopista del Sol el domingo pasado entre ocho y nueve de la mañana estaba casi solitario. 

El gobernador Héctor Astudillo Flores lo confirmó con números al día siguiente, en la conferencia informativa, cuando dijo que los datos de Caminos y Puentes Federales (Capufe) arrojaron que el lunes entraban a Acapulco un promedio seis vehículos y salían ocho. 

La estampa de la Autopista del Sol se parecía a la de la costera Miguel Alemán, el principal corredor turístico. Alrededor de las diez de la mañana el flujo de los vehículos era bastante espaciado. No había tráfico. Fue muy rápido llegar de la zona suburbana a la turística.

Luis Ávila Suástegui, un restaurantero del zócalo, al principio dice que la poca gente que se veía era por ser domingo y temprano, pero sigue la plática y reconoce la disminución en sus ventas desde la semana anterior. Esa misma versión de baja en la clientela la secundaron los meseros del restaurante que está en esa explanada. 

El restaurantero se muestra despreocupado porque, dice, en sus 40 años dedicados al turismo ha visto ir venir muchas cosas. Además, suelta con mucha seguridad: “A nosotros los acapulqueños nos vale madres. No pasa nada”.

Sugirió visitar a mediodía las playas más populares, que están entre la zona tradicional y dorada del puerto, porque es el mejor termómetro para saber si el turismo bajó. 

La situación se palpa de inmediato, al cruzar la calle, cuando se le pregunta a un hombre que ofrece paseos en yates cómo ve la afluencia de visitantes, y él señala la lona que cuelga cerca de un módulo de información turística. “A partir del 19 de marzo del 2020 se suspenden los recorridos regulares del yate Acarey hasta nuevo aviso”, es lo que ahí se lee. 

Por la sugerencia del restaurantero es que se llega con Adolfo y Benjamín. También con Abraham Rayo Rodríguez, un mesero de la playa Hornos con varios años más encima de los 50 que lleva acercando clientes a los restaurantes. Él hace pronto una evaluación: “Está jodido, no hay nada”. 

Antes de la contingencia por el coronavirus, un domingo como ése estaría lleno de personas en playa Hornos y él pronto reuniría los 1,500 pesos de un fin de semana laboral, pero hasta la tarde de este domingo dice que no ha vendido ni un refresco.

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