El agua para la agricultura y EU la pagan los pueblos indígenas, no las presas

La captación del agua que nace en la Sierra Tarahumara, la región con los índices de violencia, pobreza y desigualdad social más altos del estado, es insuficiente para la demanda del campo

Texto: Adriana Esquivel
Fotos: Archivo Raíchali

Chihuahua.- En medio de la guerra mediática que iniciaron varios actores políticos por el agua de la presa El Granero, existe una realidad que pocos han observado a fondo: el daño que le ha causado la tala desmedida y el cambio climático a la Sierra Tarahumara, la región en donde se produce el recurso en conflicto.

Es cierto que México debe pagar 436 millones de metros cúbicos a Estados Unidos por el Tratado Internacional de Límites y Aguas, también que en la Comisión Nacional del Agua (Conagua) no hay gobernanza porque el nuevo gobierno no ha cambiado a los funcionarios de la administración federal priista.

Otra realidad es que el proceso electoral está cada día más cerca, pero, en ese escenario, el problema mayor está fuera del discurso de quienes han tomado la defensa del agua como bandera:

La captación del agua que nace en la Sierra Tarahumara, la región con los índices de violencia, pobreza y desigualdad social más altos del estado, es insuficiente para la demanda del campo.

Aquí no sólo se produce el agua del Tratado y el almacenamiento en distritos de riego, también se envía a Sinaloa y Sonora cerca de 7 mil 200 millones de metros cúbicos anuales para cultivos de hortalizas y forraje.

Según datos de la Secretaría de Desarrollo Rural, este volumen es siete veces mayor al que requiere el estado para garantizar un ciclo agrícola, pues la superficie que depende del Río Conchos (80 mil hectáreas de cultivos), necesita mil 044 millones de metros cúbicos.

Los alimentos que se producen tanto en Chihuahua como en los estados vecinos, ni siquiera son para el consumo regional, se exportan, lo que genera pobreza y desigualdad.

Las políticas públicas tampoco ayudan pues, en lugar de desarrollar programas de reforestación, para la conservación de suelo, cosecha y captación de agua con las comunidades indígenas, se atiende el hambre con asistencialismo.

  • En la Sierra, los cultivos dependen de las lluvias y son de autoconsumo

La deuda es con las comunidades indígenas

Los saberes indígenas sostienen la producción del campo chihuahuense. Los pueblos originarios entendieron hace 700 años que el bosque y los manantiales estaban íntimamente relacionada y, si uno faltaba, no había vida.

Hay evidencias que comprueban que, desde el siglo XIII, desarrollaron sistemas de conservación para retener suelo y humedad con trincheras. Después adecuaron los techos de sus viviendas con troncos cortados en canoa, para capturar el agua y almacenarlas en pozos.

El doctor e investigador Federico Mancera Valencia detalló que en los años 40 se impulsó la industrialización del país con la mecanización del campo. Para ello, en el norte de México, la región más improductiva por la falta de agua, se crean presas que retienen la humedad y generan energía eléctrica.

Comienza la producción en una región que, por ser desierto, únicamente llueve de 250 a 300 milímetros de agua anuales, equivalente a 2.5 centímetros de líquido.

“El desarrollo se basó en el agua y ahí comienza la desgracia porque va en contra del ecosistema. Ese modelo choca y enfrenta al desarrollo sustentable porque en el desierto no llueve, es un territorio seco, entonces hacen presas para detener el agua que viene de la Sierra Madre Occidental para producir”.

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Raíchali es un medio independencia de Chihuahua. Su nombre proviene del significado en rarámuri de "palabra" porque centra su información en contar historias y sucesos que tienen que ver con los pueblos indígenas y las problemáticas del campo.

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