Necesitamos conocer la historia para crear un futuro: Cherríe Moraga

Necesitamos conocer la historia para crear un futuro: Cherríe Moraga

Por: Mariana González-Márquez. Fotos: Francisco Guasco. Fecha: 12 de enero, 2026

Decir Cherríe Moraga es hablar de una de las figuras más influyentes en el activismo y el pensamiento chicano, feminista, queer e indígena en América Latina. 

Antes de que el Tercer Mundo fuera rebautizado con el eufemismo de “Sur Global”, y junto a Gloria Anzaldúa (activista política, feminista, lesbiana, escritora y poeta chicana fallecida en 2004)​​​ editó Este puente, mi espalda en 1981. Es una antología pionera del feminismo de mujeres de color —como ellas lo llaman— que desafía el feminismo blanco predominante al visibilizar las experiencias de mujeres latinas, negras, asiáticas e indígenas. Y abogan por la solidaridad radical y contribuyen al pensamiento interseccional. Las editoras hacen del «puente» una metáfora de resistencia, marcando un hito en la literatura activista y la justicia social.

Una nueva edición del libro fue presentada por Cherríe Moraga —nacida en Los Ángeles, California, en 1952—, y otras de las autoras en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara.  Ahí ofreció algunas entrevistas para hablar de la vigencia de estos ensayos frente a una América que se hunde en movimientos ultraconservadores, colonizadores y antiderechos.

Cherríe Moraga. Fotografía: Francisco Guasco
Te has referido a Trump como el monstruo, ¿cómo están viviendo las mujeres de color, las disidencias, las personas migrantes esta realidad en Estados Unidos?

Esto está afectando a toda América Latina. También lo puedes ver en lo que está pasando con los venezolanos. Es una etapa que se está acercando a Latinoamérica porque Estados Unidos cree que tiene el derecho, también, de ser dueño de Latinoamérica. Tienen leyes donde dicen que, si hay una amenaza, declaran “estamos en guerra”. Y si estamos en guerra, tenemos el derecho de hacer cualquier cosa. Eso tiene que ver con el capitalismo transnacional y, creen, tienen el derecho de hacerlo. Ahora en Estados Unidos si tienes piel oscura, morena o lo que sea, no puedes salir sin miedo. Y estamos hablando de nuestras familias. En esto tan personal hay una postura mundial. Y ese hombre (Donald Trump), este monstruo, está afectando todo.

Esto es una cuestión del feminismo. El feminismo dice que ese tipo de opresiones están conectadas, entrelazadas y eso es lo que está pasando en el mundo. Todo está entrelazado cuando estamos hablando de medioambiente, imperialismo y todo porque es el resultado de 500 años de colonialismo.

Para mí es un momento imposible de entender porque, cuando éramos muy jóvenes, pensábamos que el futuro querría decir más liberación. En vez de eso, desde la perspectiva de vivir en Estados Unidos, cada década fue empeorando. No sé… La gente de nuestra edad creo que no debemos sentirnos deprimidos ante ello. Porque la juventud necesita tener esa visión (de un mejor futuro) y hay mucha resistencia por todas partes. Pero la gente no puede estar en la calle protestando porque son gente de color, racializados. Eso es un riesgo bien, bien fuerte.

¿A qué atribuyes que esa esperanza de libertad y un futuro distinto de la que hablas se haya ido diluyendo con el tiempo?

Cada movimiento político de liberación que hemos encontrado desde hace 45 años ha perdido cada uno de sus logros. Cuando estamos hablando de los derechos civiles, por ejemplo, la liberación de gente trans, etcétera, es algo que estaba ya en la legislación. Y ahora están cortando todos esos movimientos. Puedo decir que empezó durante la presidencia de Ronald Reagan, en los 80. Él tenía esta idea del capitalismo: si hay más dinero, hay más oportunidad de crear industria, corporaciones, y habría más trabajo para la gente. Fue una versión muy muy popular. Y ahora, desde este punto, él, Donald Trump, hasta se cree hasta liberal. Es increíble.

Con cada gobierno, la legislación ha venido a menos por causas sociales. Más con la idea de que los ricos no deben pagar muchos impuestos porque van a tener más dinero para ayudar al resto del mundo. Con cada presidencia —excluyendo la de Barak Obama que fue la esperanza del mundo—, hay menos para la gente trabajadora y los pobres, y más para los ricos. Llegamos a un punto donde, por ejemplo, nosotros somos la primera generación de migrantes con educación profesional y que íbamos a ayudar a nuestras familias. Pero con nuestro cheque de seguridad social tenemos que pagar el seguro que ahora es casi el triple, y no podemos ayudarles. Entonces, estamos hablando que el nivel económico en Estados Unidos ahora es mucho peor.  Y también está esto del militarismo, que siempre están gastando. Es un gasto horrible.

¿Cuál es tu lectura de América Latina con la irrupción de líderes que, justamente, están cortando derechos de mujeres y disidencias como algo que hay que perseguir?

Si hablo desde la experiencia que tenemos, tengo mucho optimismo. Puedo ver toda esa juventud que tiene interés en la política. Lo que me ha impresionado es la visión de muchos jóvenes. Esencialmente, ven que el capitalismo no es la respuesta a los problemas del mundo. Al contrario. También que el pensamiento de oeste (occidental) tampoco es el centro del mundo. El centro del mundo viene de tus raíces, de tus orígenes, de tu tierra. Ese movimiento de medio ambiente es bien fuerte y hay mucha gente ahí.

¿Cómo sientes que el feminismo chicano o de mujeres de color influyó a estas resistencias actuales?

En términos de la idea de la interseccionalidad de las opresiones y también de la liberación, es fundamental el feminismo de mujeres de color. Pero también la teoría encarnada: es fundamental ver cómo han afectado a los movimientos. Creo que el punto es importante: hay que hacer crítica del colonialismo, uno tiene que hacerlo. Siempre hay contradicciones en lo que estamos diciendo. Pero puedo ver —especialmente cuando estamos hablando de feminismo—, que pueden tener posiciones bien radicales y, al mismo tiempo, no reflejan la necesidad de liberación. En Brasil, en esta reunión por el medio ambiente que hubo hace unas semanas (la Conferencia de la ONU sobre el clima COP30), los indígenas estaban diciendo «somos la respuesta: a sus preguntas, nosotros somos la respuesta”. Y ésta es una lucha que tienen: el mundo está desapareciendo. Es un conflicto que nunca hemos visto en nuestras vidas porque nunca habíamos pensado en el fin del planeta.

El problema es entender la idea de que, lo que se está diciendo, es conocimiento. De lo que se dice que es estar sensibilizado (ser woke). Por ejemplo, cuando un joven se da cuenta y dice “¡ah, eso es es capitalismo! ¡No sabía!” O, en términos de feminismo “¡ah, es porque soy mujer! ¡No sabía!” o “¡ah, es porque soy trans!” Eso es una cosa más grande que ser woke. Es estar despierto, es una oportunidad increíble, algo que tiene que pasar. También el hombre o mujer blancos que dicen «ay, pues soy blanca, ¿qué voy a hacer?». Es su responsabilidad, es un privilegio. Pero no puedes andar por el mundo diciendo “yo tengo mucho privilegio porque yo soy blanca. Lo siento”. No. Es que uno tiene que enfrentar la realidad de que hay muchos privilegios. Estamos aquí hablando, y esto es un lujo. Y si no podemos entender ese punto, valemos madres, no vale nada.

En los últimos años la perspectiva interseccional se ha aplicado en la academia e incluso en las políticas gubernamentales ¿consideras que se escucha suficiente a las mujeres racializadas y de diversos sectores?

Puedo ver una perspectiva que está cambiando cuando hablamos del feminismo. El feminismo que defendemos nosotros es —desde el perspectiva de mujeres de color y desde el principio—, una resistencia contra el feminismo mexicano. Por muchos años México miraba a Europa para tener un ejemplo de lo que iban a hacer. Desde España, por el lenguaje. Y de Francia con lo que estaban recibiendo de otros movimientos. Nunca podían ver a la gente que estaba enfrente de ellas (teorizando). En los años recientes me he fijado que hay otro un movimiento distinto desde la juventud: mujeres que identifican y están haciendo crítica al capitalismo. Esto ocurre desde voces de mujeres racializadas y esto se pone en el centro de la discusión. No podemos decir que en Estados Unidos eso es así, puedo verlo en los estudios feministas. Por ejemplo, dicen, «oh, sí hacemos mucho para las mujeres de color», pero no es así. Sí, están presentes, pero no son el centro de la discusión. Entonces, si no puedes cambiar este punto de vista porque siempre vamos a estar hablando de los feminismos blancos.

En México parece que hay gente que está hablando de una manera en que para mí también es un reto. Tengo que asimilar lo que están diciendo porque también tienen esa experiencia. Yo tengo una atracción al término “Tercer Mundo”, porque me parece más radical que el término “Sur global”. Desde el Tercer mundo las mujeres saben que tienen derecho a hablar por sí mismas y está muy bien.

Cherríe Moraga. Fotografía: Francisco Guasco
¿Cuál es el mensaje colectivo o la lectura que podrían tener las nuevas generaciones de este libro que es de los años 80 frente a una realidad como la que vivimos en el primer cuarto del siglo XXI?

Cuando escribimos ese libro yo tenía como 27 años. Y las colaboradoras tenían su propia conciencia de la conexión entre los lugares de opresión y liberación. Con este libro también se puede ver que el mundo ha cambiado completamente.

Cuando estamos hablando de un “puente”, no estamos hablando del Estado-Nación, porque ya no tenemos confianza en estas fronteras, no significa nada menos que opresión. En la introducción de este libro se habla de una América con acento. De una América de la que vale la pena hablar: del medio ambiente, refugiados, movimientos civiles y lo que está pasando en los Estados Unidos, que es un desastre.

Lo que puedo decir es que la historia se repite, repite y repite. Soy parte de la revolución de lo que pasaba en los años 60 y 70 con movimientos de color, feminismo, gays, queer y todo eso. Soy el resultado de eso y ellos, las y los jóvenes, también. En este punto puedo ver que debemos tener toda la confianza en la juventud y necesitan saber la historia para crear un futuro.

Este periodismo es independiente en lo editorial y financiero. Estamos comprometidas a publicar contenidos éticos, novedosos, críticos y con un enfoque de derechos humanos.

Sé parte de la audiencia activa que sostiene este medio y sus proyectos. Aunque el acceso a nuestro sitio web se mantendrá abierto sin costo, puedes gratificar y reconocer a quién consideres oportuno:

Por favor déjanos conocer tus opiniones sobre lo que leíste o escuchaste ¿Es #PeriodismoParaUsarse?.

También puedes hacer una donación (monetaria o en especie) a la Asociación Civil, vía perimetral.press@gmail.com

Mariana González-Márquez
+ posts

Periodista con una Maestría en Periodismo Escrito. Actualmente se especializa en la perspectiva de género y los derechos humanos. Basificada en Jalisco.

Periodista con una Maestría en Periodismo Escrito. Actualmente se especializa en la perspectiva de género y los derechos humanos. Basificada en Jalisco.

Quizá te pueda interesar

Gratificaciones PerimitralGRATIFICACIONES