La vuelta a la vida de Alejandra Mateos

Texto: Itzel Urieta y Marlén Castro
Fotografía: José Miguel Sánchez Cabrera

Chilpancingo, Guerrero.- Alejandra Mateos Jiménez, de 29 años, después de dos horas de audiencia, se quiebra.

Pide a la jueza Tanya Yamel Alfaro Zapata, a través de su abogado, una pausa. No aguanta un minuto más.

La madrugada del 8 de abril del 2018 pudo ser asesinada. 

Sobrevivió y acusó a Víctor Manuel Enríquez Lezama, su novio durante 54 días, de intento de feminicidio. 

Por eso, Alejandra Mateos, hoy 5 de marzo del 2020, está en este Juzgado de Guerrero, sentada frente a la jueza. 

Es el primer caso de violencia de género que se juzga en el estado desde la implementación de la ley 553 de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia, aprobada por el Congreso local, desde el 2008. 

La aplicación de la ley nunca fue expedita y, la justicia, menos.

La primera audiencia de Alejandra contra su agresor fue el 19 de febrero del 2020. La jueza dictó entonces una sentencia condenatoria de seis años y seis meses de prisión a Víctor Manuel. El acusado apeló. 

Alejandra ha escuchado durante unas dos horas la lectura de todo el expediente porque así lo pidió el agresor. La jueza lee una, dos, tres, innumerable número de veces los detalles de lo que pudo ser la última noche de Alejandra. 

A Alejandra la franquean el abogado de oficio José Miguel Rosete Rodríguez y un representante de la Agencia del Ministerio Público. 

El hombre que la conquistó pero en el día 54 de su noviazgo intentó matarla también está aquí. Víctor Manuel Enríquez Lezama tiene la compañía de dos abogados. 

La jueza tiene enfrente a quien se salvó de morir y a quien quiso asesinarla. 

En la sala hay público. Hay mujeres de colectivas que acompañan a Alejandra. Su caso es importante para la lucha feminista. El público ve de frente a la jueza. De Alejandra, Víctor Manuel y los abogados, sólo sus espaldas. 

La víctima está a la derecha, el agresor a la izquierda. Cuando voltean a los costados, parcialmente, se pueden apreciar algunos rasgos y gestos de sus rostros. Alejandra se seca las lágrimas. Víctor Manuel se mira imperturbable.

La justicia también es fría. La Sala Uno del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) es la mejor prueba. El aire acondicionado está al máximo de su capacidad. Dice el personal que la jueza Tanya Alfaro así lo pide. Los querellantes, sus abogados y el público se aguantan.  

Cuando Alejandra se quiebra, dice algo al oído de su abogado y éste pide permiso para interrumpir la audiencia.

La jueza Tanya Alfaro contesta con rudeza.

–No es necesario que la víctima esté presente, se puede retirar.

Alejandra antes de Víctor Manuel Lezama Enríquez

A Alejandra, la vida le sonreía. Conoció a Víctor Manuel cuando comenzaba su cosecha de logros. 

Estudió la Licenciatura en Gastronomía y una especialidad en cocina mexicana y cocina del mar, en Puebla. 

Cuando terminó regresó a Guerrero a hacerse cargo de la empresa familiar, un lugar famoso de tacos al pastor, dentro del mercado de San Francisco.

Diseñó la marca familiar. El negoció florecía. Ella recibía alrededor de 15,000 a 20,000 pesos mensuales por su trabajo, un ingreso que le permitió independizarse.

Rentó un departamento y lo amuebló. 

El divorció de su mamá y su papá fue un momento amargo, pero para entonces ya estaba superado, y la relación con sus progenitores, restablecida.

Alejandra tiene dos hermanos. Es la única hija del matrimonio Mateos Jiménez.

Una alerta no tan pequeña

Alejandra y Vïctor Manuel se conocieron porque tienen amigos en común. Se veían en las fiestas familiares, hasta que un día, convivieron. Fue el 14 de febrero del 2018. De ahí se empezó a tejer una relación.

Salieron juntos a varias fiestas, aunque esto pasó en un momento delicado en la vida de Alejandra porque ella se recuperaba de una cirugía.

De esos 54 días de novios, Alejandra recuerda que Víctor Manuel se portó siempre bien, cariñoso y tenía un trato respetuoso.

Sólo una ocasión pasó algo que no encajó con esta forma de ser.

Un día, por cansancio, Alejandra se durmió durante el día, y cuando despertó vio que tenía como unas 40 llamadas perdidas de Víctor Manuel.

Al mismo tiempo, le tocaban a su puerta de forma desesperada. Abrió. Era Víctor Manuel con un gesto de enojo.

–¡¿Por qué no me contestas, Alejandra?! –le reclamó fuera de sí.

–Estaba durmiendo, ¿Qué pasó? –le respondió con calma.

–Como no me contestabas me preocupé, pensé que te había pasado algo, –le reviró.

Alejandra pensó que quizá estaba así por preocupación.

“No lo vi tan alarmante, porque sí pensé que pudo haberse preocupado por lo de mi operación, pero hasta ahora lo veo que si fue bastante raro”.

Alejandra recuerda que después de eso, Víctor Manuel le pidió pasar al baño. Se metió hasta el fondo del cuarto y vio que él se metió como a buscar algo.

Ahora tiene la certeza de que su ex novio entró a cerciorarse de que estaba sola en el departamento. 

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