Resistimos para subsistir: mujeres rurales diversifican el cultivo de papa para recuperar el territorio
Por María Paula Contreras Castro/Comestible. Foto Laura Bedoya Durán. Fecha: 2 de febrero, 2026
- El campo es un lugar de soluciones y las mujeres rurales tienen mucho para aportar a la actual crisis alimentaria y climática. En Ventaquemada, tierra de papa, la resistencia a la agroindustria también es un camino para pensar un futuro solidario en el que se pueda garantizar la soberanía alimentaria y sostener los vínculos con el territorio.
Hablar de papa en 2025 es hablar de un alimento global. Buena parte del mundo la conoce, ha oído hablar de ella, la come, la anhela, la disfruta. La papa y su generosidad han permitido que cosechemos sistemas agroalimentarios diversos que aseguran la vida y el bienestar en comunidad. Así, en 2025 la historia de la papa se trans-localiza, al punto que ya resulta muy difícil afirmar que le pertenece a un país, pues ahora es un producto de aquellos que se consideran «universales».
Sin embargo, para el mundo andino la papa es un alimento que nos enraíza con el territorio. Así lo ha sido desde hace milenios. Su capacidad de calmar el hambre, su alto valor nutricional, la facilidad para su cultivo y cosecha, así como su resistencia ante las condiciones variables de los ecosistemas, la convirtió en la base de la nutrición para muchos pueblos asentados en la cordillera de los Andes y sus territorios colindantes.
Al igual que ocurrió en otras regiones de América Latina en la década de los 1990, la zona andina colombiana también vivió una profundización de la globalización neoliberal y las ideas de la Revolución Verde. Esto hizo que los procesos de alimentación se vieran afectados por fenómenos como la reprimarización y el agronegocio. Estos procesos llevaron a la tecnificación del campo a través de la modificación de semillas. También, a la transformación territorial y ambiental por el uso de agroquímicos para el manejo de la tierra y de los cultivos.
Frente a las transformaciones
La expansión de las fronteras agrícolas para la producción industrializada de alimentos son cambios que han generado escenarios adversos. Entre estos fenómenos están la apropiación, despojo y degradación del ambiente, del territorio y de las prácticas de subsistencia de las poblaciones que allí habitan. El cultivo de papa no ha sido la excepción.
Ante estas transformaciones, en distintos lugares del mundo han surgido movimientos, asociaciones o grupos de mujeres campesinas. Estas han abierto camino para resistir a los efectos de la agroindustria, garantizando su soberanía alimentaria y territorial.
En Colombia se cuentan múltiples experiencias. La que hoy me ocupa está en Ventaquemada —municipio del departamento de Boyacá— donde las mujeres se organizaron en una asociación en la que confirman que pueden asegurar su subsistencia, al mismo al tiempo que tienen control y consciencia sobre sí mismas: lo que comen, cómo trabajan y su relación con el campo —su arraigo y su identidad—.

Ventaquemada: tierra de papa
El municipio de Ventaquemada se encuentra entre las extensas zonas rurales del altiplano cundiboyacense en el centro de Colombia. Es un territorio organizado social, política, económica, ecológica y culturalmente por la agricultura. Es una actividad que, además, ha funcionado como articulador para la producción y la construcción de un tejido social entre la población.
Ventaquemada es tierra papera, la papa en sus múltiples variedades locales está arraigada a las formas de vida de las comunidades que habitan el municipio. La papa es sustento, es alimento, es economía. La papa es vida.
Aunque es producto de una actividad nativa y tradicional, el cultivo de papa se ha posicionado como competitivo en el mercado gracias a la transferencia de tecnología, instrumento eficaz para la especialización de su producción. Pero la modernización del campo también ha transformado las relaciones comunales sobre la tierra y la estructura productiva de la misma, causando la expansión de monocultivos de papa, la estandarización de las variedades de semillas y la valorización del producto bajo las lógicas de precios del mercado.
En Colombia existen alrededor de ochocientas variedades de papas nativas. Sin embargo, dentro de las cadenas productivas, la Federación Colombiana de Productores de Papa notifica que solo se producen doscientas cincuenta, y de estas, apenas se consumen siete de manera masiva. En Ventaquemada los terrenos dedicados al cultivo de papa corresponden entre 75% y 87% de tierra disponible para cultivar —se estima que este municipio concentra un alto volumen de producción de papa, entre 3000 y 79000 toneladas anuales —. Así, la papa corresponde al cultivo con mayor producción de la zona del que participan el 67% de las familias campesinas del municipio.

La diversidad alimentaria de Ventaquemada
De acuerdo con el Censo Agropecuario de 2014, el municipio de Ventaquemada tiene 16 mil 229 unidades de producción entre terrenos, infraestructura, maquinaria, y otros bienes aplicados a la producción agropecuarias.
Dada su vocación agrícola, la población ha subsistido gracias a los cultivos de papa y la ganadería para producir leche y carne. Asimismo, de acuerdo con la Agencia Nacional de Tierras, bajo una producción minifundista, las familias han desarrollado agroecosistemas para el acceso y disposición de alimentos de autoconsumo y venta al mercado local.
Pero esto último ha dejado de ser una constante. En una región donde las familias solían tener garantizada su soberanía alimentaria desde hace más de treinta años la situación ha cambiado, dejando en entredicho tal capacidad de autoabastecimiento.
Pero esto último ha dejado de ser una constante. En una región donde las familias solían tener garantizada su soberanía alimentaria desde hace más de treinta años la situación ha cambiado, dejando en entredicho tal capacidad de autoabastecimiento.
El régimen alimentario neoliberal ha instaurado patrones de producción, circulación y consumo, basados en el desarrollo extractivista de recursos naturales. Con la entrada a la región de Tratados de Libre Comercio (TLC) el régimen alimentario actual privilegia la productividad sobre la calidad y la sostenibilidad de los cultivos. Para Colombia, la inserción en el mercado internacional correspondió a la dependencia en la exportación de productos agrícolas al mundo. Esto lleva a homogeneizar las prácticas de producción y de consumo y a desconocer tradiciones locales de tratamiento de la tierra y del alimento.
La siembra en forma de monocultivos ha provocado una alta dependencia al uso de agroquímicos. Si bien esto se refleja en el aumento en el rendimiento de los cultivos y la minimización de pérdidas en la producción. Además, la fragmentación de las relaciones comunitarias en los territorios, provocando y promoviendo formas de existir más individualistas. Y, por otro, en la ya mencionada homogeneización de las cosechas, la contaminación de las fuentes hídricas y en la pérdida de biodiversidad en la región.
La agroindustria y la gente
Por su proximidad geográfica a ciudades densamente pobladas como Bogotá (capital de Colombia) o Tunja (capital del departamento de Boyacá), la agricultura minifundista de Ventaquemada se ha integrado a las cadenas comerciales de abastecimiento de alimentos. Las familias campesinas se enfrentan entonces a un escenario de vulnerabilidad. Como por ejemplo, la dependencia económica de los mercados externos, haciendo que su sustento sea inestable o, al menos, fluctuante.
La demanda del mercado, los precios para la distribución del producto, sumado a la venta de la producción por queda en manos de intermediarios que las ofrecen a los mercados urbanos, dejan al campesinado en el punto más débil de la cadena de producción.
Y esto resulta problemático cuando, al mismo tiempo, son las familias campesinas quienes más arriesgan a la hora de cultivar. Las condicionantes son si la cosecha se ve afectada o se pierde por factores climáticos o plagas. Si el dinero alcanza para los agroquímicos o el pago de la mano de obra que implica el manejo del cultivo y su cosecha, si hay robos o pérdidas materiales, la compra de semillas, etc.

La producción de una hectárea de papa cuesta a una familia productora alrededor de 40 millones de pesos colombianos (9 mil 300 dólares). Esto de acuerdo con Fedepapa que agrupa a los productores de papa y que promueve la competitividad y sostenibilidad del cultivo. La sola compra de insumos para el manejo del cultivo corresponde a la mitad de los costos de producción y, muchas veces, la venta de la cosecha no alcanza ni para cubrir esos gastos.
Para la década de 1980, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) priorizó el aumento de la producción de cuatro nuevas variedades de papa. La acción se orientó por la Revolución Verde y los condicionamientos de mejora en las investigaciones, técnicas y procedimientos de ciertas semillas,
Sigue leyendo Resistimos para subsistir: mujeres rurales diversifican el cultivo de papa para recuperar el territorio aquí

Este periodismo es independiente en lo editorial y financiero. Estamos
comprometidas a publicar contenidos éticos, novedosos, críticos y con un
enfoque de derechos humanos.
Sé parte de la audiencia activa que sostiene este medio y sus proyectos.
Aunque el acceso a nuestro sitio web se mantendrá abierto sin costo,
puedes gratificar y reconocer a quién consideres oportuno:
Por favor déjanos conocer tus opiniones sobre lo que leíste o escuchaste ¿Es #PeriodismoParaUsarse?.
También puedes hacer una donación (monetaria o en especie) a la Asociación Civil, vía perimetral.press@gmail.com

Comestible Info
Somos un grupo de profesionales con experiencia en el periodismo, la academia, la administración pública y la sociedad civil que, a través de un portal multiplataforma, proponemos una lectura de la alimentación que va más allá del acto de comer.
En la comida encontramos una gran diversidad de historias, no sólo memorias y afectos, sino relaciones de poder, desigualdades y resistencias. También proponemos una visión a la luz de la inclusión, los derechos humanos y la perspectiva de género.
Queremos que nuestras audiencias vean que los vínculos entre las personas que consumen y quienes producen tienen un impacto mundial en el medio ambiente, la política, la cultura y la economía, entre otros ámbitos. En Comestible creemos que la comida es un excelente pretexto para pensar y promover el cambio cultural.
Este texto ha sido tomado del sitio Comestible.info en la url: https://comestible.info/quienes_somos/





Debe estar conectado para enviar un comentario.