“Make Venezuela great again” como pedagogía de la crueldad
Por: Eduardo Enrique Aguilar. Ilustración: Tasio. Fecha: 5 de enero, 2026
La frase “Make Venezuela great again” fue utilizada por Trump en su conferencia de prensa después del ataque militar realizado en territorio venezolano. Una conferencia que deja totalmente frío a cualquier analista político e internacionalista. No sólo por la descripción de la misión militar que ahí se realizó —la cual busca dar un mensaje claro del poderío de la fuerza de Estados Unidos—. Ni por el mensaje aún más contundente sobre la postura de ese país en el mundo. Sino en, al menos, los siguientes puntos: que no hay ninguna fuerza interna o externa capaz de impedir las acciones militares que Trump deseé.
Que no se tolerará a quienes disientan con la política de seguridad norteamericana. Y que todo proceso militar que emprendan deberá generar cuantiosos réditos. Sobre todo, por el abierto cinismo de quienes la presidieron.
Eso, a grandes rasgos, ya lo sabíamos.
La historia nos muestra que la Operación Cóndor, en la década de los setenta del siglo XX, fue articulada para eliminar gobiernos e instalar otros afines.
En la invasión a Irak en 2003, no hubo consenso nacional o internacional, y aun así fue llevada a cabo. Y ha sido claro que la geopolítica de Estados Unidos está ligada a la geoeconomía, se busca asegurar el acceso a recursos para mantener en crecimiento su producción nacional. Sin embargo, antes existía una discursividad, una institucionalidad y un engaño ligado a la democracia y la libertad.
Imponen “democracia”
Hoy, dentro de esta conferencia de prensa, no se cansaron de decir que traían libertad y democracia para Venezuela. Pero, al mismo tiempo, cuando increparon a Trump sobre el presidente de Colombia Gustavo Petro, señaló: “he’s got to watch his ass”. Agregó que Cuba es un desastre y muy similar a lo que sucede con Venezuela, “por lo que también queremos ayudar a la gente de ahí”.
Para Trump y su equipo, la libertad y la democracia se imponen mediante la invasión, el ataque armado y el control de los recursos.
La forma tan desnuda de declarar que Estados Unidos mantendrá fuerzas militares y controlará el gobierno en Venezuela es insólita. Más aún cuando Trump señaló que están ahí para invertir en la infraestructura petrolera y que se quedarán con el petróleo. Además, que no habrá guerras con las potencias emergentes porque les venderán el petróleo venezolano en cantidades como nunca.
Antes, para entender hechos semejantes, utilizábamos herramientas de las ciencias sociales para develar los intereses tras las invasiones; hoy simplemente lo dicen abiertamente. Entonces, el foco del análisis tiene que cambiar de sitio.
¿Por qué ahora lo dicen así tan crudamente? ¿Por qué ya no recurren a discursos y pantomimas? En realidad, esto es —utilizando las palabras de la antropóloga Rita Segato—, un tipo de pedagogía de la crueldad.
Esta conferencia de prensa, en el fondo, nunca fue para el pueblo de Estados Unidos, sino para transmitir una lección cruel a todas las geografías del mundo, y en especial a los gobiernos de América Latina y el Caribe.
Una lección
Marco Rubio, secretario de Estado, lo ilustró de forma excepcional: Maduro tuvo “múltiples oportunidades” para evitar esto. Pero eligió “actuar como un hombre salvaje” y “estar jugando”. Pero Trump no es “game player” como los presidentes anteriores. Señaló que Trump realmente va a actuar frente a un problema.
Y en efecto, remata señalando que ellos —el régimen de Maduro—, sabían que estábamos por hacer algo. Su mensaje carece de moral: simplemente movió las tropas. Previamente, pidió que se rindieran y, cuando Maduro se negó, las fuerzas armadas norteamericanas entraron, bombardearon, mataron civiles y secuestraron al presidente.
A mediados de diciembre de 2025, la administración Trump publicó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. Ahí señala la prioridad del hemisferio y el control de la región frente a otros países que han ido creciendo refiriéndose a China sin nombrarla.
Ahora, el 3 de enero de 2026, le mostraron a todos los gobiernos que ese documento no es letra muerta, que tienen que aceptar las condiciones tal como Trump las decide. Y, si no es así, se enfrentarán al poder destructivo norteamericano.
Un último punto para destacar es que realmente existen grandes sectores de la población latinoamericana que aplauden la acción militar estadounidense; no sólo eso, sino que piden que invadan y derroquen a otros gobiernos.
En las transmisiones de la conferencia, en redes sociales y grupos de WhatsApp se encontraron mensajes.
Desde el “God bless America” hasta “Liberen a México de la 4T”, “Vengan a invadir a Cuba”, “Viva Trump”. Más allá de los bots, en realidad hay cada vez más sectores que asumen un tipo de fascismo social, que pugnan por opciones autoritarias y que entienden las invasiones y el golpismo como una vía legítima. Es urgente activarnos para detener esto.

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Eduardo Aguilar
Académico en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Monterrey.





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